sábado, 9 de enero de 2016

Correspondencia de mi amigo Julio Velasco ... Pumarabule, Candín … y La Mosquitera

PUMARABULE, CANDÍN… Y LA MOSQUITERA
S. M. R. A., 25 de enero de 2020.

          “(…) viva la xente minera,
Pumarabule, Candín,
Saús y la Mosquitera.”
 Xuacu el de Sama.


Don José Manuel:

Amigo mío, los versos que encabezan esta carta los ha oído usted muchas veces cantar. Y el territorio que nombra aún le es más familiar. Pero entre lo que usted conoció y lo que ahora es hay mucha diferencia. 
La Mosquitera fue, como tantas otras, mina de los franceses, de un tal D’Eichthal. Luego formó con La Justa y Mª Luisa la Unión Hullera y Metalúrgica (1886) que terminó dominada por el capital vasco (1991).
La Unión se fusionó con Duro Felguera en 1906 en donde también los capitales vascos acabaron siendo mayoritarios (Urquijo) y desplazando al grupo fundador (Duro y Cía).
En 1967 pasa a HUNOSA. Hoy quedan los dos castilletes, el de Mosquitera uno (Siero) con castillete tipo Skype y de Mosquitera dos (conocido como el Terrerón, en Langreo).
Candín fue antes Lláscares, también lo oí nombrar Molinucu y oficialmente dicen que San Enrique. Es de los tres de que hablamos el que parece tener algo de vida, con un guarda de seguridad, un dispensador del carbón del “vale” y unas instalaciones aunque abandonadas no totalmente arruinadas. A pie de la fábrica de Duro, perteneció a Minas de Langreo y Siero al igual que Pumarabule.
Pumarabule, “pumar de Abilio” dicen los etimólogos que significa el topónimo, lo explotó de Fábrica de Mieres para más tarde ser posesión de la empresa Minas de Langreo y Siero, fundada en 1925 por Loring, los Pidal (Pedro y Roque) y otros.
El primer castillete, que recibe el nombre popular “de la Muerte”, es de 1916, roblonado. El segundo, Marta 2, se levantó en 1957. Se integró en HUNOSA en 1969 y se cerró en 2005.

Acabemos también con un poema. Este valle del Candín y el próximo Carbayín me recuerdan más que ninguna otra parte de la Cuenca del Nalón la composición “A las ruinas de Itálica” de R. Caro: “Estos, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora, campos de soledad…”.
No crece aquí el jaramago, sino el salguero autóctono y la exótica, invasora y asilvestrada buddleja davidii. 
No hay torres, pero sí castillete; las plazas -que sí hubo- ni tienen vagones ni las pueblan mineros; las “termas” (las Casas de Aseo) muestran el abandono general, tejados caídos, interiores vandalizados, las paredes agujereadas, sin puertas, sin ventanas, cristales rotos, hierros retorcidos y oxidados que no han podido ser robados, escombros... 
La ruina, el saqueo, la desolación vence por doquier. Tengo por hecho que un bombardeo crearía un paisaje semejante, solo la ubérrima vegetación astur disimula la catástrofe y va ocultando el patrimonio que se consume en la indiferencia.
Saludos.
Julio Velasco

Página con resto orrespondencia de mi amigo Julio Velasco:

2 comentarios:

  1. Eres un gran historiador y buen fotógrafo, si pudiera visitaría todos esos lugares con sus preciosas antigüedades

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  2. Un hospital en uno de los mejores parques de Oviedo.

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