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sábado, 9 de enero de 2016

Correspondencia de mi amigo Julio Velasco ..San Andrés de Valdebárcena

SAN ANDRÉS DE VALDEBÁRCENA.

S. M. R. A., 21 de marzo de 2019.

Don José Manuel:

Para llegar al lugar –románico, claro- del que le voy a hablar debe salirse de una vía principal, antaño de muchísimo tráfico, y recorrer durante tres kilómetros un tramo de la hermosa campiña costera asturiana a través de una carreterina estrecha, llena de pandos y vallinas, curvas y contracurvas, cesiones a derecha e izquierda; teniendo al lado prados verdísimos, bosques caducifolios, arroyos cantarines, caseríos pintorescos… Los forasteros intuyen que alcanzaron el objetivo porque lo dice un letrero indicando “iglesia de…” y señalando la salida del camino asfaltado. La instrucción llegó a tiempo, los viajeros a punto estaban de desistir confundidos por tanta naturaleza paradisiaca, tanto laberinto y tanto horizonte invisible.


Del pequeño edificio buscado lo primero que se aprecia es el ábside rectangular. Se sitúa integrado en la ladera soleada, al lado del cementerio, teniendo como vecina lo que fue una buena casa de labranza en avanzada ruina y un hórreo que resiste con mejor fortuna el embate del abandono. Las limpias paredes son de mampuesto pequeño pero bastante regular, hasta el punto que se aprecian las hiladas. En las esquinas luce sillares bien escuadrados.

Hablamos de S. Andrés de Valdebárcena (Villaviciosa de Asturias), pieza destacada del románico internacional, Monumento Nacional desde 1965, uno de los pocos templos de la época con acta de nacimiento (1189), “acta” que exhibe en una lápida encastrada al lado de la puerta meridional.

Pero el objetivo de la visita no era comprobar esa “inscripción en el registro”, sino ver la portada de poniente, resaltada, ricamente decorada. La obra impresiona por lo monumental, más todavía si se compara con la humilde iglesia y lo apartado del lugar. Es abocinada, con tejaroz sostenido por canecillos muy desgastados entre los que se encuentran signos del zodiaco y escenas juglarescas. 

Tiene tres arquivoltas con perfil en bocel, rosetas, zigzag, aspas inscritas en cuadrados; la interior descansa sobre impostas decoradas con tetrapétalas y se prolonga por la jamba; las otras dos en impostas y capiteles finamente ornamentados, los de la izquierda con temas vegetales y los de la derecha con aves y felinos afrontados como los que se ven en las próximas Selorio y La Oliva.

La visión es dificultada por el atrio o cabildo que cubre este hastial y sume en la penumbra el espacio. Manchas de lo que parece humedades antiguas tiñen los sillares.

El retorno a la AS-267 nos pareció ahora corto, la carreterina más espaciosa, menos serpenteante y el paisaje, mejor observado sin la tensión de encontrar, igual de hermoso.


Saludos.
Julio Velasco

Página con resto orrespondencia de mi amigo Julio Velasco: http://allumar.blogspot.com/p/correspondencia-de-mi-amigo-julio.html

2 comentarios:

  1. Eres un gran historiador y buen fotógrafo, si pudiera visitaría todos esos lugares con sus preciosas antigüedades

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  2. Un hospital en uno de los mejores parques de Oviedo.

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