Bienvenida ... Bienvenido...gracias por visitarme...

Gracias por visitarme... Bienvenida...Bienvenido

Rincón de Manuel Casalderrey Palacios

Para escuchar el poema con la voz de Manuel Casalderrer pulsa en la flecha
A vuelapluma:

Poema a Manolo Tena

"El fundador era hijo de un humilde peón" de Juan Manuel Casalderrey Palacio




Juan Manuel Casalderrey Palacio
Si hay que morir se muere

Silencio:
"Silencio, solo silencio
me voy en silencio
necesito silencio, por eso me voy"


Juan Manuel Casalderrey Palacio

"Es tan grande mi ignorancia..."

Juan Manuel Casalderrey Palacio


Solo mirando comprendo el dolor
la miseria, el llanto nos pasan delante
pero nosotros como siempre miramos al frente
que vergüenza, que espanto, que pena
la raza humana se da la vuelta y no mira
no le interesa el que sufre la ira
de los malditos humanos que violan sin piedad
a los otros humanos que intentan sin más
vivir un solo día sin sufrir.. en paz

Juan Manuel Casalderrey Palacio



Jovita.
En la casa de La Forna esta noche nadie duerme, todos están en su cama, ojos abiertos, luz apagada, otra de las hermanas parte mañana a las tres de la madrugada. Padres, hermanos, todos aguardan que llegue la hora en silencio. Jovita se va, sigue la estela de sus otros hermanos que hace tiempo cruzaron el charco. Es el mes de enero, el frío es intenso, la pena también, otro miembro de la numerosa familia inicia el viaje a lo desconocido. La cocina de leña permanece encendida, antes de acostarse Félix se aseguró de que al levantarse aún diera calor a la despedida de una nueva hermana que emprende el camino  hacia el mundo nuevo, desconocido, lejano, incierto.

Llega la hora. Todos en pie, nadie habla. Padres, hermanos, suben y bajan en silencio, Jovita comprueba por última vez que sus dos pequeñas maletas están bien cerradas, en ellas lleva todas sus pertenencias y algo de comida para el largo viaje que le espera. La comida es escasa, pero no corre el riesgo de estropearse, está bien salada, es una pequeña parte del cerdo sacrificado un mes antes para toda la familia, ella lleva su parte y una parte de cada uno de sus hermanos, que estos le dieron sin pensar para nada que la necesitaban.

Se inicia el camino. Va acompañada de sus tres hermanos varones: Félix, Manuel, Julio. Hay que andar diecisiete kilómetros por el monte hasta bajar a Cangas, allí llegarán a las seis de la mañana; a las siete Jovita subirá en un viejo autobús que la trasladará hasta Oviedo,  a donde llegará a las siete de la tarde, pernoctará en la vieja estación y al día siguiente cogerá un tren que la llevará a Vigo, en donde la espera Begoña. 

Begoña es el buque trasatlántico que la llevará a Mar del Plata, una travesía que puede durar de quince días a un mes. Se abraza a sus hermanos, todos lloran, los Llano tienen los sentimientos desnudos, su hermana se va, no saben si algún día volverán a verla. Esperan   que suba al viejo autobús, esperan a  que se pierda en el horizonte. La niebla de la mañana invernal no los deja ver al vehículo alejarse mucho. Una vez que lo pierden de vista, inician la vuelta al pueblo, el frío les penetra los huesos, pero la pena les traspasa el alma.

Jovita llega a Oviedo a las diez de la noche, pasa las horas nocturnas sin separarse de sus pequeñas maletas. Sola en la estación, sentada en un banco de madera raída, aguantando el frío de la noche invernal, piensa para sus adentros que pronto llegará el tren y dentro encontrará el calor que allí, en aquel viejo banco, no tiene. No quiere abrir la maleta donde lleva la comida, sólo siente frío y una terrible soledad, no tiene hambre.

Al fin llega el tren, tirado por una vieja locomotora de carbón, este la llevará hasta Vigo, en donde espera Begoña. El viaje se hace largo, cansado. Jovita va descubriendo nuevos paisajes, pero de su mente no se va un momento la casa de la Forna, allí quedan los pocos años que ha vivido hasta ahora. Allí queda su padre, su madre, sus hermanos, sus amigos, sus recuerdos de niña, sus montañas verdes, sus prados siempre cercanos.

Llega a Vigo con sus maletas a cuestas. Se queda perpleja, jamás vio una ciudad tan grande. Pregunta acobardada y sujetando fuertemente sus pequeñas maletas, al fin una mujer mayor le indica el camino. Antes de darse cuenta ya está en el puerto. Allí, en el muelle, la espera Begoña. Cuando va llegando ve cientos de personas que van con su mismo destino: un mundo nuevo y una esperanza, poder algún día hacer el viaje de vuelta.

La travesía hacia el nuevo mundo se hace muy dura, penosa. El barco es lento, la comida escasea, varios de los más débiles no soportan el viaje y mueren antes de llegar. Jovita resiste y por fin llega a la nueva tierra. Hace calor, le sobra ropa. El buque atraca y entre la muchedumbre que espera distingue una cara, es su hermana Quintina que viene a buscarla.
La nueva vida comienza. Sus primeros días son de nostalgia, la Forna sigue en su mente, nunca la olvida. Trabaja, trabaja  de lo que puede, de lo que sale, hasta que un día le dan un trabajo que la complace, recepcionista en un pequeño hotel ,propiedad de un español que la contrata.

Cincuenta años pasaron cuando las maletas de Jovita nuevamente están preparadas, vuelve a casa, esta vez el viaje es más cómodo, más placentero, más feliz. Jovita regresa a La Forna. Sus ojos, desde que arregló los papeles para la vuelta, brillan más intensos, aunque medio cuerpo lo tiene muerto, una trombosis la dejó medio inútil, se ayuda con un pequeño bastón, le cuesta trabajo hablar pero el inminente regreso al fin se produce.

Esta vez el viaje dura unas horas. Las maletas, después de cincuenta años, no llevan mucho más de lo que trajo cuando vino. Ropa más moderna, alguna joya de plata y algo de dinero, muy poco, para subsistir en España. Casi sin darse cuenta está a la puerta de La Forna. Allí está Félix. Las lágrimas riegan el suelo, el abrazo se hace eterno. Los dos hermanos se consuelan en silencio. Encima de sus cabezas sigue la misma leyenda escrita en una chapa metálica: Se reedificó esta casa por Don José Llano y Marcos y su esposa Doña Josefa Arbas en el año de 1888.

Poco a poco Jovita va contando su vida a sus otros hermanos que vienen a verla. Ya todos se fueron de La Forna, todos formaron un nuevo hogar, tienen hijos mayores, nietos. Todos se casaron, Jovita sigue soltera. En los años que estuvo fuera no apareció ningún galán que la convenciera. Ella sólo pensaba en trabajar y ahorrar para la vuelta. Lo que no sabía ni nunca imaginó, es que el dinero que tanto sudor le costó ganar, al llegar aquí y cambiarlo a la moneda española casi no tenía ningún valor. ¿Dónde está mi sudor? - se pregunta-, quedó convertido en unos pocos billetes.

Sus hermanos nuevamente se hacen cargo. Todos colaboran con una cantidad todos los meses. La “pensión” que le quedó a Jovita, después de cincuenta años de trabajo, no da ni para cubrir sus necesidades básicas. Algún mes no llega ni una peseta, pero los hermanos comprenden y todos arriman el hombro para que Jovita tenga todo lo necesario para vivir dignamente. Es difícil entenderla, la trombosis quebró su voz y habla a trompicones, pero está feliz, está en casa, se fue en 1934 volvió en 1984. Ayer durmió en Argentina, hoy vuelve a dormir en su casa, en su querido pueblo, en su querida España. Por el medio quedó un día que duró cincuenta años.


Hoy día Jovita descansa, junto a sus hermanos, en el cementerio del Bache. Hay quien asegura, que por la noche la oyen hablar, les cuenta su vida allende los mares, fuera de España. Y los que aseguran haberla oído hablar dicen que su voz es fuerte, que no balbucea, que habla y habla de sus peripecias en Mar del Plata.


Relato a concurso en el I Premio Cabral de Literatura
Autor: Juan Manuel Casaderrey Palacio
11/05/2011
EL PEQUEÑO LEÓN MUSULMÁN

Es Braih. Tiene 11 años. Es un niño como cualquier otro niño del mundo, con alguna diferencia sustancial: es musulmán y no conoce su tierra.
¿Como nos conocimos? Por la calle, el tenia siete años, había venido a España por primera vez, un viaje de 5 horas de avión desde Argelia, traído por una honorable organización llamada “Amigos del pueblo Saharaui”.
Yo me estaba jubilando; la primera vez que hablé con él le dije: “el año próximo vendrás a mi casa”. El año próximo llegó y Braih entro en nuestras vidas como un vendaval, o aún mejor, como un siroco sin arena.
Este año será el quinto, vendrá en julio. Ya estamos contando los días. Hablamos con el por teléfono, es casi imposible, las comunicaciones telefónicas son desastrosas, no tienen la tecnología mínima para poder oírnos con mediana nitidez, están en medio del desierto, en medio de la nada, abandonados por todos, olvidados por todos, a la intemperie, en un lugar donde no nace una hierba, no hay una fuente, ni un camino que lleve a alguna parte, el único camino existente lleva a la desesperación y a la muerte.
Primer año, primer día, vamos a buscar a Braih al sitio donde nos lo entregan. Viene sucio, cansado, sediento, hambriento, falto de peso y sobrado de sufrimiento. Lo subimos al coche, intenta llorar, no puede, se duerme, se rinde, el viaje desde el infierno duró 24 horas, los traen sin ningún miramiento, como si transportaran pescado.
Llegamos a casa se va despertando ,sus hermosos ojos negros comienzan a descubrir el “otro mundo” Sale del coche ,se despereza ,subimos en el ascensor directo al baño, poco a poco comienza a quitar su ropa sucia ,arrugada ,polvorienta, mí esposa ,mi hija y yo lo acompañamos mientras se desviste ,cuando solo le queda el calzoncillo , levanta la vista , invita a las mujeres a salir del baño, solo tolera mi presencia, solo consiente la mirada de hombres, ellas salen ,entra en la ducha , le gradúo la temperatura del agua ,cierra las puertas transparentes ,deja correr el agua sobre su cuerpo moreno y extremadamente delgado ,se embadurna de champú ,se envuelve en una nueve de vapor ,una,dos ,tres veces . “Braih vete saliendo” .Se niega, está en el paraíso, ese baño para él es un lujo extremo, desconocido, imposible de dejarlo acabar. Después de media hora sale brillante, su cuerpo maltratado por el sol del desierto reluce limpio, oloroso, relajado. Lo seco. Se pone ropa limpia, nueva, suave; una vez vestido, las mujeres pueden volver a verlo.
Ahora ven al Braih reluciente, risueño, feliz y hambriento. Le sirven la comida “¡Macarronia!” su preferida .Se harta. Se embadurna, no esta acostumbrado a usar los utensilios que nosotros usamos para comer, en su desierto comen con las manos, no hay agua, ni lavaplatos, ni lavadoras, solo hay miseria, hambre, frió nocturno, calor diurno, tiendas de lona y casas de barro.
Braih termina su comida, se va a su cama, la mira entusiasmado el duerme en el suelo del desierto. Se acuesta. Rodeamos su cama de cojines, puede caerse… se cae, se vuelve a caer, se vuelve a caer, pero no despierta; esta profundamente dormido. Durmió catorce horas seguidas, cuando despertó al día siguiente ya era un niño feliz.Los dos meses pasaron en un segundo, la despedida fue dura. El lloraba de tristeza y de alegría, de tristeza por separarse de nosotros, de alegría por volver a su jaima, por ver a su madre, a sus hermanos y entregarles todo lo que llevaba en su bolsa de veinticinco Kg. su vida de un año.
Volvemos a casa, el ya está volando, el viaje de regreso lo hacemos en el más absoluto silencio. Mi esposa en silencio. Mi hija llorando y yo en silencio absoluto.Un año pasa pronto decimos los tres al llegar…ahora a esperar.
Segundo año, llegada exacta al año anterior, viene extenuado, lo recibimos con un triple abrazo, nos vamos al auto, se sube, se acomada, se duerme, ya sueña con el agua caliente, el gel, el champú, la crema para su piel quemada por el sol.Llegamos a casa, ya la conoce, directo al baño, la ropa se va quedando por el pasillo, ya no le importa que las mujeres lo vean desnudo, eso quedó atrás. Se mete dentro de la cabina, cierra las puertas, vuelve a disfrutar del agua corriente en abundancia, se enjabona con delicadeza, disfruta cada instante bajo el agua; después de un buen trecho vuelve a reaparecer la piel arrugada de tanta agua de tanto gel, de tanto polvo del desierto que se va por el desagüe, de tanto sufrimiento que también se va por el desagüe.
Comienza la estancia. Días de playa. Sus hermosos ojos negros no dan crédito ¡Maria! ¡Maria! ¡Mujeres españolas locas! ¡Tetas fuera! .No lo comprende, está acostumbrado a verlas tapadas de pies a cabeza, pero le gusta, las mira, se avergüenza, se ríe, no entiende, se sigue riendo.
Nos vamos de boda, nace una estrella. ¡Braih! todos lo miran ¿Quién es este niño? enseguida se adueña de todos, se exhibe, baila, emula a Michael Jakson, lo supera, un niño del desierto baila mejor que el rey del pop ¡¡Increíble!! De regreso a casa los bolsillos llenos de monedas, billetes, todo para Fatma, la madre que lo espera en el desierto a cinco mil Km. Viaja de regreso a casa soñando con su madre sus hermanos pequeños, recaudó dinero para comer unos cuantos días, gracias a su habilidad para danzar delante de los sorprendidos asistentes a la boda,
Tercer año, la historia se vuelve a repetir; el cansancio, las horas de viaje en un viejo autobús por el desierto, la espera en el aeropuerto de Tinduf para subir el avión, las cinco horas de vuelo, la llegada al lugar donde nos entregan a los niños…
Van nombrándolos uno a uno, entramos en el recinto, miramos con ansiedad, no lo vemos, no está, no ha venido…de pronto arriba una mano levantada “¡allí está!”.
Viene más oscuro, el sol del día y el frío de la noche han curtido más su piel, esta muy delgado, medio adormilado del cansancio del viaje .Trae un regalo, un camello de cartón piedra con un beduino encima, se ve que han estado intentando repararlo, es lo mejor que tienen en casa, al hombre del camello le falta un brazo, la pintura todavía está húmeda. Ahora ese humilde camello, luce en mi casa en un lugar bien visible, para nosotros tiene el mismo valor que una escultura de Miró o un cuadro de Picasso.
¡Día de fiesta! Braih enloquece, autos de choque, caballitos, tómbolas, música, churros, trompetas, disfruta de todo con intensidad, llega a casa cargado de objetos para niños; ¿el más ruidoso? un altavoz ¡Viva el Sahara libre! repite una y otra vez desde la ventana. Los vecinos ya le conocen, le saludan, le dan ánimo, lo empiezan a querer.
Nos vamos de vacaciones ,pueblo de montaña ,gente del campo labradores ,ganaderos ,gente sencilla ,es verano hay muchos niños, al principio Braih está algo tenso ,no los conoce ,poco a poco se van acercando, en una hora ya es uno más, aprende el dialecto del pueblo ,habla como ellos .Fala (habla) deixame(déjame) ou veis (donde vas) pouco(poco) cousa (cosa).
Se acaban los días nos vamos a casa ,Braih tiene que volver al desierto ,al infierno.Preparamos el equipaje, es el último día ,lo llevamos donde nos lo entregaron .La maleta está a punto de reventar ,pero aguanta ,lleva la vida para su familia ,la vida de un año.Volverá el cuatro de julio de 2011,faltan sesenta y dos días .Ya tiene su cama preparada, nadie la usa, es la cama donde Braih duerme y sueña dos meses al año, la cama a la que miramos con tristeza los otros diez meses que faltan para volver a abrazarlo.
El mundo de los potentes es deprimente
 hacen uso de su fuerza indiscrinadamente
 Masacran inocentes
Niños, mujeres, les es indiferente
 ¿Y nosotros? ¿Que hacemos nosotros?
 Los que no tenemos dioses y somos valerosos
¿Asistir al espectáculo dantesco, siniestro
 provocado por la falta de compasión del gigante
 ante el posible enemigo ignorante ?
 ¿Protestar?
 Nunca nos escucharán
La masacre es rentable
 La muerte da dividendos, emolumentos
 ¿Implorar a Buda, Dios, Alá?
 No están, nunca estuvieron
 y si estuvieron, ya se fueron
 al ver la clase de seres que hicieron
Esto acabará, cuando al fin acabe la humanidad
 Luego que vuelvan Buda, Dios y Alá....

Juan Manuel Casalderrey Palacio

          
Necesitamos limpieza
necesitamos pureza
exigimos prudencia
reclamamos decencia
¿hasta cuando tendremos paciencia?
¿lo sabe la presidencia?
me temo que tienen indulgencia
para seguir con la ciencia
de engañar a los limpios
de estafar a los puros
de robar a los prudentes
de indignar a los decentes
El mundo es un coladero
de políticos de basurero
¿Que podemos hacer?
¿Dejarles medrar?
¡Nunca, hay que luchar¡
hacerles sentir vergüenza
de su asquerosa conciencia
de su miserable existencia
luchemos, protestemos
hagámosles sentir rubor
de su ausencia de pudor
!!Canallas¡¡, el pueblo saldrá vencedor




Levanto la vista y no veo nada
miro hacia adelante y no veo nada
me doy la vuelta y no veo nada
solo revolotea la miseria
solo triunfa la hipocresía
solo gana la malicia
solo se valora la injusticia

Todos sois corruptos
todos seréis perseguidos
todos pagareis vuestros desmanes
todos estaréis en la cola
de los criminales, de los traidores
de los vendedores de ilusiones
ese es vuestro destino ladrones

Ahora estáis en la cresta
ya bajareis a la cesta
ahí pagareis vuestra ingesta
de robar las ilusiones no vuestras
desde mi ignorancia os desprecio
desde siempre os escupo
espero algún día veros cubriendo el cupo
que os corresponde por estupro.

Manuel Casalderrey Palacios
"Las palabras que no dices
 son como los topos
 se mueren sin ver la luz
 Con las palabras que dices
 debes tener precaución
 pueden dejar cicatrices
 aunque las digas
 mirando al sol…"


Manuel Casalderrey Palacios

Tengo el alma estremecida
acabo de leer la crónica del drama
SAM tenía 5 años, un suspiro
Neil y Kazumy no encontraron el consuelo
la vida sin SAM no tenía sentido
tomaron la decisión
recogieron a SAM, sus juguetes, su ilusión
emprendieron el viaje al infinito
juntos los tres miraron la ruta
se decidieron por la ruta del amor
se cogieron de la mano
los tres se dieron un abrazo
Y saltaron
el mar abrió sus brazos
los recibió en su regazo
ahora son felices
SAM, anda sonríe
tiene todos sus juguetes
Neil y Kazumy, lo observan a lo lejos
saben que ya no habrá más sucesos
que los separe
son libres, como nunca fueron antes
la libertad se consigue simplemente
saltando al vacío amorosamente
(Poema de Juan Manuel Casalderrey Palacio escrito tras leer un hecho real “un matrimonio joven que perdió al único hijo que tuvieron)
Con música

Manuel Casalderrey Palacios

Manuel Casalderrey Palacios






Huesos esparcidos, carne humeante, sangre manando 
humo negro, algún día aunque ya esté muerto, bailaré sobre tu cadáver
tú no lo sabes, lo sabe tu muerte, tu primer apellido, estaré atento ,quiero ser el primero en oír tu alarido, tus gritos de rata herida, maldito hombre pequeño… Tú y tus esqueléticos secuaces firmasteis el desenlace….
Te ríes, ríes dolor, ríes rabia, se te nota, a ti y a toda tu flota…tienes dientes de piraña, comes carne humana, serías capaz de comerte a tu hermana, Pequeña rata venenosa hoy es tu aniversario, comerás ración doble de veneno y sangre….sería cualquier cosa, menos tu madre, ni tu padre…hoy solo quiero ser el hueso que yace, sangre que se esparce, sesos pegados a los bajos del asiento, los sesos del estudiante, el dedo perdido sin huella que tomar, el ojo que no vio la explosión .Duerme pequeña rata ,hoy es tu día ,recuerda ponerte la corbata…y reza ,reza todo lo que sepas…pero no reces por los muertos…no lo necesitan…reza por ti pequeña rata venenosa…un dia ,en cualquier esquina, en cualquier cueva de las que habitas, caerá sobre ti la ola de sangre que ahogará tu macabra existencia. Reza pequeña rata ,regodéate ,rodéate de tus consejeros esqueléticos, protégete con ellos saurio enano, consejero de verdugos…pronto bajarás a los infiernos…y yo estaré allí ,viéndote venir, ayudaré al sepulturero…aunque ya esté muerto….. 
Con todo el odio que un corazón puede albergar…para ti José María Aznar. 
Mi corazón es humano como todo humano ama y odia…el odio ya se lo di todo a él…a vosotros víctimas inocentes de ayer, hoy y siempre, os doy todo el amor que aún queda dentro de mi corazón….
11 de marzo de 2014....


"Alejandro ya es un mito" de Manuel Casalderrey PalaciosBesullo es la cuna, del más grande dramaturgo
Alejandro era su nombre, su apellido era Rodríguez
si así le llamaban, a nadie le contestaba 
El era Casona, Alejandro Casona

De esa casa sacó su nombre 
esa casa lo inspiraba
La casa de los siete balcones
La Casona

Alejandro ya es un mito
La Casona fue testigo
de su talento infinito
si Casona hoy volviera
tendría pena y alegría

La Casona ya no existe
solo quedan los restos, de cuatro paredes tristes
el tiempo las va demoliendo
a no mucho tardar, se resquebrajarán
solo quedará el solar
y unos cientos de piedras amontonadas
testigos mudos, de la historia de Besullo

Esas piedras polvorientas 
aún pueden ,con su presencia inerte dar fe
de todo lo que allí aconteció
su memoria es perenne, jamás olvidarán

Como no pueden hablar
quiero una cosa contar
La Casona tuvo, como todo en este mundo 
un principio y un final

El principio no lo se 
pero si se el final
el final fue lamentable
un incendio devoró, la casa que a Casona inspiró
Dentro del drama humeante
hubo algo emocionante
un muchacho valiente, el cual, con riesgo evidente
salvó la vida a gente, desvalida, inocente
habitantes, ya mayores ,faltos de fuerza ,sobrados de temores
Su nombre es Servando, su apellido Martínez 
Servando con su arrojo a tres personas salvó
Ya pasaron varios años
de Servando, nadie se acordó, ayer me acordé yo

También tengo la certeza
de que desde alguna parte
Casona presenció el final
Y a pesar del dolor, de ver La Casona quemar 
su alma se estremeció, no de pena, no de dolor

De alegría, de emoción
dio las gracias a Servando
el muchacho con su acto 
mantuvo el prestigio intacto
de la casa que a Alejandro
su gran obra inspiró…

Que sigan condecorando perros, A Servando…….lo condecoro yo…..

"La Peonza" de Manuel Casalderrey Palacios
 Año 1956
https://www.facebook.com/XaN3ta?ref=ts&fref=tsLa Quintana estaba como siempre, las casas mostraban en sus paneras, balcones y soportales parte de la cosecha recogida de la siembra del año anterior, todo estaba secando al sol, para luego guardarlo en los sitios adecuados y hacer uso de todo durante el largo invierno que se avecinaba. Había un silencio sólo roto por el mugido de alguna vaca hambrienta, todos estaban dentro de las casas afanándose en sus labores, amenazaba tormenta y había que apurar los trabajos.

El día era un día como otro cualquiera, nada lo hacía diferente, la única preocupación era la inminente llegada de los truenos; poco a poco comenzaron a sonar. El primero siempre era el que daba la alarma, nada más sonar, la gente cerraba sus casas y todos iban corriendo a la casa de Esperanza. Esa casa era la mayor de La Quintana y la única dónde se concentraban.

Cogían todos los habitantes de las demás casas. Cuando llegaban todos y comprobaban que no faltaba nadie cada uno ocupaba el sitio de costumbre. Empezaba el ritual. El rosario, rezaban el rosario, mientras observaban. Fuera la tormenta descargaba toda su furia, llovía muy fuerte, granizaba, el cielo se había ennegrecido hasta parecer que se hubiera hecho noche, de noche a las cinco de la tarde. Poco a poco y mientras el rezo del rosario avanzaba hacia la letanía, los truenos, relámpagos y rayos eléctricos cada vez iban sonando más lejanos, el chaparrón iba amainando y se alejaba, hasta convertirse en gotas que ya caían dispersas y enseguida paraba de llover totalmente, el cielo recuperaba su color azul veraniego, la calma volvía, el suelo comenzaba a secarse y ya todos salían de la casa refugio, la casa de Esperanza, en dirección a la suya, a continuar con sus quehaceres y labores interrumpidos por la tormenta. Esto se repetía muy a menudo por el verano, era como una ley no escrita. Tormenta, casa de Esperanza, rosario.

Vuelta la calma, cada uno volvía a su hogar. El que siempre se rezagaba era Diego. Diego era el único niño de La Quintana, un niño de seis años inquieto y algo revoltoso, siempre andaba solo por los sitios cercanos a su casa, nunca se alejaba demasiado, allí tenía suficiente terreno para hacer sus travesuras e investigaciones, algún vecino ya había avisado a sus padres, María y Manuel que su hijo andaba siempre haciendo experimentos y que debían extremar su cuidado, no fuera que algún día hiciera algo, algo gordo y luego a ver quien se hacía cargo del desaguisado.

Sus padres le reprendían siempre, pero Diego les prestaba poca atención y seguía haciendo de las suyas e investigando el porqué, el secreto de las cosas. Como no había niños de su edad, o algo mayores, la única manera de saber era investigando por su cuenta y eso era lo que hacía siempre. Observaba y acto seguido actuaba, ese era su método de aprendizaje. En cierta ocasión María, su madre, tuvo que ir a ayudar a una vecina, con las prisas dejó la radio funcionando, televisión no había, ni se sabía de su existencia, Diego llegó a casa y oyó la radio hablando , quiso a toda costa acallarla, pero había un problema, la radio estaba en una especie de repisa en la pared inalcanzable para su estatura. Enseguida se puso a pensar y ! eureka ¡ ya tenía la solución, allá se va.

Cogió una banqueta, también cogió la escoba y a escobazo limpio y certero consiguió que el hombre que hablaba se quedara mudo, aparentemente la radio estaba intacta, no mostraba signos de golpes, pero algo en su interior dejó de funcionar y la radio se mantenía en silencio, cuando llegó Manuel por más que lo intentó no consiguió hacer funcionar el aparato. Diego, sin que su padre lo viera, saltaba de alegría, había conseguido hacer callar al hombre invisible que hablaba metido dentro de aquel cajón cuadrado con unas extrañas luces y dos ruedas ,que cuando su padre o su madre manipulaban, hacían que el hombre hablara con la voz más fuerte o más baja ,u otra cosa que no entendía, la voz del hombre a veces callaba, cambiaba a mujer e incluso se oía a veces una orquesta sonar muy bien dentro del cajón cuadrado. Cosas de mayores pensaba el niño, extrañado, que no acaba de entender cómo podía ocurrir, que dentro de un cajón de madera tan pequeño, cogieran, hombres, mujeres e incluso !una orquesta¡

Y así transcurrían los días, mientras, seguía investigando el porqué de todo lo que se movía, o hacía ruido. 

Al lado de la casa de Esperanza había un hórreo, debajo del hórreo, había varios baúles, casi todos estaban llenos de objetos que Diego no tenía ni idea para que se utilizaban, pero había un baúl que estaba lleno de libros, había muchos libros, algunos escritos en idiomas que no entendía, poco a poco , en el transcurrir de los días , fue colocando los libros de tal manera que en un montón estaban los que no entendían y en otro mucho mayor los que estaban escritos en español.

Un día fue y comenzó a leer, cuando no comprendía lo que leía, ponía el libro encima de los libros escritos en idiomas raros que no entendía, ese era el método, de vez en cuando ir al hórreo, abrir el baúl comenzar a leer hasta cansarse o desecharlo nada más leer tres o cuatro páginas que no le aclaraban nada. Los días iban pasando, cuando no había algo más interesante que experimentar iba a visitar su baúl secreto. 

Uno de esos días en que decidió ir a leer ,se produjo el hallazgo, ese día cogió un libro que parecía nuevo, recién comprado, nada más tocarlo ya le produjo un cosquilleo en sus manos. No era un libro de muchas páginas, sesenta y ocho. En la portada tenía un dibujo un tanto raro y extraño, era como una peonza plana, sin el hierro que las peonzas tienen por la parte de abajo para girar pero lo que más llamó su atención fue el título del libro ¿Nos invaden? Abrió el libro con rapidez y comenzó a leer apresuradamente, tan rápido leía, que entre la rapidez de la lectura y que aún no leía correctamente llegó al final de la primera página y no había entendido nada, hizo una pausa, cogió aliento y comenzó a leer otra vez, desde la primera palabra de la primera hoja del libro. Esta vez leía con pausa, despacio, recalcando las palabras, repitiéndolas, había muchas que jamás había oído ni leído, naves espaciales, extraterrestres, marcianos, seres de otros mundos !Ovnis¡ ¿Ovnis? 

La que más llamó su atención fue la palabra ”Ovni”, no consiguió adivinar su significado, por más que lo intentó, no obstante pensó, cuando llegue a casa le preguntaré a mi padre o a mi madre, ellos me podrán explicar lo que es un Ovni, pensó el niño. Metió el libro entre los no leídos, asegurándose de que quedara bien escondido y se fue a casa.

Cuando llegó se encontró con su padre, este estaba oyendo otra vez a los que hablaban dentro del cajón. Había venido un hombre con un maletín lleno de lámparas y más cosas raras y había conseguido volver a meter dentro de la caja a todos los que estaban antes de que Diego la hubiera emprendido a escobazos con el cajón. Mientras estuvieron haciendo comprobaciones, no le preguntó nada a su padre de lo que quería saber de los misteriosos Ovnis. Una vez se fue el hombre del maletín y ya sentados enfrente de la mesa para cenar, después de algún titubeo le dijo a su padre:
- ¿Padre? ¿Qué es un Ovni?
-. Manuel no le prestó mucha atención a la pregunta de su hijo, estaba muy atento al cajón que tenía gente dentro y casi ni oyó lo que su hijo le preguntaba.

Nuevamente el niño volvió a preguntar: padre ¿Qué es un Ovni? Manuel miró fijamente a su hijo y le dijo:
- ¿un Ovni? ¿Y por qué quieres saber lo que es un Ovni?
- No supo que contestar, no quería que sus padres se enteraran de su secreto, el secreto de los libros del baúl y se quedó callado.

Pero quiso la casualidad, que la pregunta que había hecho a su padre, pareciese que la hubiese escuchado el hombre que hablaba desde dentro del cajón con botones y luces. El hombre dijo que en Canarias, había sido avistado por varias personas un ¡Ovni! Diego se quedó quieto como una estatua y prestó gran atención a lo que el hombre decía “Ovni” ( objeto volador no identificado ) el hombre que hablaba lo recalcó varias veces. Al oír lo que el hombre decía se estremeció, su cabeza de niño de 6 años no terminaba de asimilar lo que acababa de oír. Finiquitó su cena, dio un beso a sus padres y se fue a la cama, tenía ganas de estar solo y poder pensar tranquilo lo que acababa de oír al hombre del cajón, Ovni, “objeto volador no identificado”.

Instintivamente se levantó de su cama, abrió la contraventana y estuvo un buen trecho mirando al cielo a ver si veía pasar volando algún objeto desconocido, no vio nada, vencido por el sueño se volvió a su cama y pensando en los Ovnis se quedó profundamente dormido. A la mañana siguiente se despertó sin recordar nada de lo acontecido durante la noche. Se aseó, tomó su desayuno y se fue a la escuela como hacia a diario. En el camino volvieron a su mente los comentarios del hombre del cajón y todo el trecho que la faltaba para llegar a la escuela lo hizo mirando al cielo con curiosidad, pero se repitió lo de la noche, no vio nada raro en un intenso cielo de color azul.

Entró en la escuela como siempre y siguió pensando en los Ovnis, tan absorto estaba en sus pensamientos, que cuando la maestra Doña Hortensia le preguntaba algo, no la oía, la maestra repetía la pregunta y seguía en las nubes
-!Diego¡ ¿Dónde tienes la cabeza?¿ en qué estás pensando?
- Avergonzado no sabía que contestar, algún coscorrón se llevó debido a sus constantes “ausencias” estando dentro de la escuela y sentado en su mesa con su pupitre. A pesar de coscorrones y dudas, el niño seguía con sus visitas cada vez más frecuentes al baúl de los libros. Cada día leía varias páginas, que no resolvían ninguna de de sus innumerables dudas, todo lo contrario, estas iban aumentando a medida que avanzaba leyendo y releyendo página tras página.

Un día pensó que tenía que llevarse el libro a casa para poder leer por la noche y que nadie pudiese descubrir su secreto, sabía que estaba expuesto a que cualquiera que pasara cerca del hórreo lo viera y ahí acabaría su excitante lectura sobre los Ovnis.

Tomada la decisión, cogió el libro, que no era muy voluminoso, lo escondió debajo de su ropa, pasó por delante de su madre sin que esta se diera cuenta del bulto que mostraba a la altura de su barriga, entró en su habitación, cogió una silla, se subió encima y puso el libro en lo alto del armario. Ahí estaría seguro, sabía que su madre limpiaba el armario por arriba , cada cierto tiempo y debía estar atento para cuando llegara el día de limpiar el mueble, su madre no se topara con el libro. Así que extremó la precaución y cuando preveía la limpieza programada, cogía el libro y lo escondía debajo del colchón. Así empezó la nueva estrategia, se iba a la cama, esperaba a que sus padres hicieran lo mismo y cuando calculaba que ya estarían dormidos, se subía a la silla, cogía el libro, con la luz de la lámpara de noche y con gran concentración, leía y leía y releía, pero usaban un lenguaje totalmente desconocido para él. Los días iban pasando y seguía con su táctica, con su estrategia, irse a la cama, esperar que sus padres durmieran y leer hasta que los ojos se le cerraban sin que se diese cuenta.

Cuanto más leía, más aumentaba su interés por saber cosas de los Ovnis. Sus estudios y progresos en la escuela habían frenado en seco, no progresaba como debiera, la maestra Doña Hortensia, se había dado cuenta y le dio un margen de confianza al niño hasta que se convenció que algo estaba fallando. Uno de los días la maestra ya harta del estancamiento, del atolondramiento, preguntó :
 -¿Por qué no hiciste hoy los deberes?
- Él le contestó que se le había olvidado
-¿y ayer?- Es que estuve enfermo.
Las explicaciones no convencieron a la maestra y esta decidió darle una nota sellada para que la entregara a sus padres. Llegó a casa y le entregó la nota sellada a su madre, acto seguido dejó en su habitación su maleta y salió a la calle a seguir con sus observaciones.

Cuando volvió a casa, sus padres le estaban esperando con cara de no estar muy alegres, su padre Manuel después de unos momentos de silencio le preguntó: 
-¿Qué pasa en la escuela amiguito?
- Algo sorprendido contestó: nada, que va a pasar ¿Por qué me lo preguntas? 

El padre sacó la nota que había mandado la maestra y se la enseñó al niño, la cogió, leyó atentamente lo que había escrito Doña Hortensia, balbuceó unos instantes y solo acertó a decir que, la maestra últimamente le pedía mucho más que a los demás niños y que estaba muy exigente con él.

La respuesta no convenció al padre y muy serio su progenitor le dijo: -si no vuelves a la “normalidad”, cuando llegues de la escuela, te pasarás la tarde en casa, estudiando y no pisarás La Quintana. 

Era consciente a pesar de su corta edad, de la rectitud de su padre, y, si este decía algo, siempre lo cumplía.

Esto hizo que sintiera que sus investigaciones peligraban, al estar vigilado y dentro de casa no podría continuar con ellas, al menos de día. Se paró a pensar y decidió que tenía que terminar lo antes posible con la lectura del libro y así poder aclarar de una vez que eran los “objetos voladores no identificados. Así fue. El niño comenzó a leer con avidez página tras página, hasta conseguir llegar al final del libro. Casi no había sacado nada en limpio, pero el libro al final dejaba en el aire la inquietante pregunta del título: ¿Nos invaden? Así terminaba el libro. A pesar de no haber entendido casi nada de lo leído, tenía ya alguna conclusión: no estábamos solos en el universo y había pruebas, nos observaban.

Eso ya lo sabía, y también pensó que puede que vengan a por nosotros para aniquilarnos o a saber para qué.

La inquietud se apoderó del niño, no acababa de entender que hubiera otros seres, que vivieran fuera de La Tierra, que pudieran vivir en otro planeta y mucho menos que pudieran venir en platillos volantes o en ¡Ovnis! como decía el libro.

El tiempo fue pasando. Poco a poco se fue olvidando de los extraterrestres y de los Ovnis, a fin de cuentas, sólo era un niño de seis años, al que le gustaba, investigar y conocer los porqués de todo lo que iba sucediendo en su vida cotidiana, una vida que acababa de estrenar y que iba madurando lentamente, como madura la vida de todos los niños. El olvido total del libro nunca se produjo, de vez en cuando, alguna vez recordaba, sobre todo cuando estaba en la escuela, había momentos en los el muchacho se quedaba “ausente”, esas “ausencias” enseguida eran detectadas por la maestra. Doña Hortensia venía al pupitre de Diego, con su tablilla daba un golpe encima del pupitre e inmediatamente volvía a la realidad. Sus observaciones del cielo también disminuyeron hasta casi desaparecer, aunque de vez en cuando, si no conseguía conciliar el sueño, se levantaba, abría la contraventana de su habitación y se pasaba horas observando, mirando, escudriñando todos los reflejos y luces que veía, intentando ver algo parecido a una peonza, como las que describía el libro. 

El libro había sido devuelto al baúl, ya lo había leído y no quería tener un olvido y por causa de ese olvido, su madre pudiera haberlo encontrado en una de sus limpiezas programadas del techo del armario.

El tiempo transcurría y lo iba consumiendo de camino hacia la madurez todavía muy lejana. Como ya sabemos era el único niño que habitaba en La Quintana. Un día decidió ampliar fronteras y se atrevió a ir al grupo de casas más próximo a la suya, había poca distancia, desde la ventana de la cocina de su casa, se veían las otras casas, no muy lejos al otro lado de la carretera.

Sabía que en el otro grupo de casas había dos muchachos, ya casi adultos, que vivían con la que pensó que era su madre, como así fue cuando un día decidió cruzar la carretera e ir a hacerles una visita.

Eso lo hizo un día de verano, como no había que ir a la escuela, al estar de vacaciones, tenía más tiempo. Se presentó delante de casa de sus vecinos más desconocidos. Cuando llegó a la casa se quedó quieto de frente al portal, mirando con curiosidad y un poco de temor, de pronto una voz de mujer dijo su nombre: - hola Diego ¿qué haces aquí? 

Era Nieves, la que él supuso madre de los dos muchachos, y efectivamente lo era. Un poco avergonzado contestó:- nada, he venido a dar una vuelta- Ven, le dijo Nieves, -pasa, tengo algo para ti-, la mujer entró en la casa, cogió una manzana de un frutero que había encima de una mesa de la cocina y se la dio al niño. Este comenzó a comer la manzana con calma, observando todo lo que desde su casa se veía a lo lejos, ahora lo tenía delante y podía ver con nitidez el lugar donde vivían sus vecinos más cercanos. Nieves salió al portal, anduvo unos pasos hacía el cierre de alambre que separaba la casa de la finca de enfrente. Comenzó a vocear -¡Emilio! ¡Benjamín! Venid, tenemos visita-.
 Pasados unos minutos llegaron los dos hermanos, Diego se sintió algo cohibido al verlos, se dio cuenta que eran bastante mayores que él y eso le acobardó un poco.

Emilio y Benjamín enseguida se ganaron la confianza del niño, ellos ya estaban trabajando, al regresar del trabajo ayudaban todo lo que podían a su madre, Nieves. La mujer era viuda , su marido había muerto en un accidente de trabajo, era minero y una avalancha de carbón lo enterró para siempre, su cuerpo fue imposible de recuperar, Emilio y Benjamín casi no recordaban al padre, cuando pasó el accidente, ellos eran más pequeños que él. Nieves sin ayuda de nadie tuvo que sacarlos adelante, ella bajaba al pueblo y trabajaba limpiando las casas de los que podían permitirse pagar una “ criada” así se llamaba en aquellos tiempos a la empleadas de hogar.

Tras aquel primer encuentro, las visitas, ya comenzaron a ser habituales, iba casi todos los días. Tomaba por el camino hasta la carretera, la cruzaba, cogía el camino que empezaba en la otra orilla, y en un momento ya aparecía en casa de Nieves. Sus padres estaban tranquilos, sabían que estaba en un sitio seguro e, incluso, si querían, podían verlo desde la ventana de su cocina, además María y Nieves eran parientes. 

Diego pasaba horas y horas con los dos hermanos, nunca se cansaba, ellos trataban de explicarle cosas de sus trabajos, a él le parecían extraordinarias. Emilio era electricista y le contaba como llegaba la luz a las casas a través de los cables, por qué se encendían las bombillas, de donde venía la energía, que hacía que las bombillas alumbraran y muchas más cosas que le parecían increíbles, más o menos como lo de los Ovnis, él prestaba siempre mucha atención pero entendía poco o casi nada de lo que Emilio se esforzaba en hacerle comprender. 

Con Benjamín le pasaba algo parecido. Benjamín era carpintero ,le contaba cómo se hacían las puertas de madera, las ventanas , los muebles para las casas, todo lo que normalmente se hace en una carpintería , aunque lo de la madera también era complicado, a él le parecía más comprensible y fácil que lo que le explicaba Emilio sobre la electricidad.

Así fueron pasando los días y la amistad y la confianza entre Diego y los dos hermanos se fue incrementando, él se sentía uno más de la casa, entraba y salía como en la suya , también le había cogido mucho cariño a Nieves, la mujer siempre tenía algún regalo para él, unos días un refresco, otros alguna fruta y otros más señalados, incluso un trozo de pastel.

De la misma manera que la confianza aumentaba, iba atreviéndose poco a poco a preguntar cosas a los hermanos, cosas que ellos trataban de explicarle de la mejor manera que sabían. A veces tenían que inventarse la respuesta, les preguntaba cosas que ni ellos sabían, se inventaban la respuesta más lógica a las preguntas, de esa manera parecía quedarse más tranquilo.

Un día estaba en su cama y no conseguía dormir, se levantó sin hacer ruido, abrió la contraventana, puso una silla se subió y se quedó mirando al cielo durante un largo rato, cuando ya iba a volver a la cama ¡sorpresa! vio cruzar el cielo a gran velocidad un objeto luminoso y centelleante a una gran velocidad
- ¡Un ovni¡ al fin lo he visto-, la sorpresa no le dejó asustarse.
-Es verdad, están ahí ,vienen a por nosotros, nos vigilan , los he visto , ese que acaba de pasar seguro que está vigilándonos.

No sabía que lo que acababa de ver era una simple estrella fugaz, una de los millones que continuamente se mueven por la galaxia. Este avistamiento volvió a despertar en el niño su interés casi olvidado por los Ovnis. Se mantuvo toda la noche pegado a la ventana, esperaba poder volver a ver otra vez aquella cosa. Pero no, no volvió a verla y se quedó dormido encima de la silla.

Ahí lo encontró su madre a la mañana siguiente cuando abrió la puerta de la habitación, sentado en la silla, recostado contra la ventana y profundamente dormido. La madre pensó que el niño habría tenido alguna pesadilla y por ese motivo había aparecido dormido en un sitio tan inhabitual. Lo cogió en brazos, lo metió entre las sábanas. No se enteró cuando, al fin, despertó ya pasaba de las dos de la tarde. Al principio no recordaba nada. Cuando empezó a desperezarse, a los pocos minutos, ya comenzó a recordar y sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
-Madre, dame la comida, tengo que ir a ver a Emilio y a Benjamín
-¿ a qué viene tanta prisa?- preguntó María,
-a nada- respondió,
-les dije que hoy iba ir a ayudarles -(tenía absoluta confianza en sus padres) pero no quiso decir el motivo para no asustarles, estaba seguro que Emilio y Benjamín le entenderían y sabrían explicarle lo de los Ovnis.

Nada más terminar de comer salió corriendo directo a casa de Nieves. Cuando llegó a la orilla de la carretera y se disponía a cruzarla apareció como de repente un coche blanco, muy brillante, reluciente. Antes de que hubiese dado el primer paso para cruzar la carretera, se abrieron las dos puertas del coche, salieron del coche un hombre y una mujer, los dos vestidos de un blanco inmaculado, la mujer se acercó a Diego, suavemente, como una caricia, cogió su mano y con una voz dulce le preguntó: -¿Dónde va este niño tan deprisa?- No se asustó ni mostró miedo, soltó la mano de la mujer y dijo:
-Voy a avisar a Nieves, mi madre se ha puesto muy enferma.
-Salió corriendo hacia el otro lado, hacia el camino que llevaba a la casa de Nieves. La mujer y el hombre no intentaron retener ni impedir que el niño se fuera, ni mucho menos, salir tras él.

Una vez que ya había corrido unos metros, echó la vista hacia atrás y comprobó estupefacto que el hombre, la mujer y el coche, habían desaparecido, como si se los hubiera tragado la tierra, se dio cuenta que en tan poco tiempo, era imposible que se hubieran subido al coche, arrancado y comenzado a rodar ¡Era imposible¡
Esto aumentó más su inquietud, se había dado cuenta que aquello no era normal.

Llegó a casa de Nieves blanco, sudoroso, desencajado. Al verlo en esas condiciones Nieves le preguntó:- ¿Qué ocurre? ¿Has visto al diablo? 

No contestó. Sólo le dijo a Nieves: -por favor, dame un poco de agua. Nieves le dio el agua, bebió el vaso de un solo trago, como si no hubiera bebido en un mes y poco a poco comenzó a recupera su color y a respirar con pausa, con normalidad. Recuperado, le preguntó a Nieves por Emilio y Benjamín:
- ¿Dónde están?
 -Todavía no han llegado del trabajo a veces tienen que quedarse un poco más, pero ya no creo que se demoren mucho, estarán al llegar. Efectivamente, a los pocos minutos llegaron los dos hermanos.
- Hola Diego ¿Cómo te va?
- No les contestó, cogió a los dos muchachos por el brazo, los apartó unos metros de la puerta de la casa, no quería que Nieves oyera lo que iba a hablar con ellos.
 -Tengo algo muy importante que preguntaros-, los dos hermanos se miraron y le dijeron:
- bueno ¿y a qué viene tanto misterio? , a ver ¿qué es lo que quieres saber? - le dijo Benjamín-.
Sin titubeos les preguntó: -¿Qué es un Ovni?- Los dos hermanos soltaron una carcajada al unísono- ¿un Ovni? Un Ovni no es nada amiguito, inventos de la gente ociosa que no tiene nada que hacer y se dedica a asustar a los demás-. Benjamín asintió a lo que su hermano estaba diciendo. No se quedó callado y nuevamente preguntó:- ¿entonces por qué el hombre de la caja dice que un Ovni, es un objeto volador no identificado?- ¿qué caja?- le preguntaron los hermanos.
- La caja que hay en mi casa colgada de la pared y que tiene dentro hombres, mujeres, orquestas-. Los dos hermanos ya reían a carcajada limpia. Cuando al fin dejaron de reír le dijeron cariñosamente: -esa caja es una radio, dentro no hay nadie. Las voces, la música y todo lo que oyes viene por el aire, entra dentro del aparato, y este con sus lámparas y circuitos transforma las ondas en las palabras de los hombres y mujeres que tú oyes y también en música.

Creyó que se estaban burlando de él y, sin decir nada, después de quedarse por unos momentos pensativo, salió corriendo hacia su casa, cuando todavía no había llegado a la carretera, se paró bruscamente y recordó al hombre y a la mujer del coche blanco, se dio la vuelta, volvió a casa de Nieves buscó a uno de los hermanos, encontró a Benjamín e hizo que este le acompañara hasta la carretera y la cruzara con él. Ya en el otro lado se soltó de la mano de Benjamín y salió pitando hacia casa. Cuando llegó su padre estaba sentado en una silla a la puerta de casa, llegó y se lanzó al regazo del progenitor de un salto, le abrazó fuerte y se apretó contra él. Su padre le acarició la cabeza -¿qué te ocurre?- le preguntó el padre.- Nada padre, no me ocurre nada, estuve con Emilio y Benjamín, les cuento cosas , les pregunto cosas y se ríen de mi- El padre cogió al niño en su cuello y entraron dentro de la casa, vamos a cenar ,- no es que Emilio y Benjamín se rían de ti ,es simplemente que los niños veis las cosas de manera muy diferente a como las vemos los adultos ,la forma en que preguntáis puede parecer graciosa a los adultos ,pero eso no quiere decir que se estén riendo de ti, todo lo contrario ,hacéis gracia y nos hacéis pasar buenos momentos a la gente mayor-. La respuesta pareció convencerlo.

Vio como Manuel encendía el cajón con gente dentro, terminó su cena y se fue a dormir. Esa noche durmió profundamente y nada más meterse dentro de la cama, su mente desconectó y se olvidó por completo de las emociones vividas en el día tan intenso y emocionante que había vivido.

A la mañana siguiente, cuando desayunaba, volvió a recordar al hombre y a la mujer vestidos de blanco, también recordó el coche. Nunca había visto uno igual, aunque en el año 1956 eran muy pocos los que podían tener coche y se veían muy de vez en cuando. Pasó la mañana por los alrededores de casa sin hacer nada especial. Llegó la hora de comer y nada más terminar tomó dirección a casa de Nieves. Emilio y Benjamín todavía tardarían en volver y tendría que cruzar la carretera solo si quería llegar a la casa de los hermanos, pero él quería a toda costa, a pesar de tener algún temor llegar a la carretera, y ver si volvía a encontrarse con la extraña pareja de blanco. Bajó por el camino hacia la carretera despacio, muy despacio, procurando hacer el menor ruido posible con sus pisadas, llegó al borde de la carretera, miró a ambos lados, no vio nada raro, la cruzó corriendo y en un momento ya estaba delante de la casa de sus amigos.

Nieves al verlo llegar, hizo lo que siempre hacía, le dio su obsequio. Ese día fue una manzana, roja y grande. La cogió y por un momento creyó tener en sus manos un platillo volador de juguete. Nieves, como ya era una mujer mayor, intuía que a Diego algo le preocupaba, la mujer se acercó y le dijo -¿Qué te preocupa tanto estos días?- te veo hablar mucho con mis hijos ¿es algo grave?- No Nieves- , respondió, -es que les pregunto cosas que quiero saber y les hago reír -¿y qué es lo que quieres saber? -Dudó unos instantes, pero le contestó a la mujer:- quiero saber que es un Ovni y eso les hace gracia y yo no entiendo por qué-. Nieves muy seria le dijo: -mira , yo no creo mucho en esas cosas, pero algo debe de haber , estos días he oído que por las Islas Canarias habían visto algún aparato de esos, y que la gente de esa zona se pasaba muchas horas al día observando el cielo intentado ver si podían descubrir algo -¿Dónde se hay que poner para poder verlos si de verdad los hay Nieves?- La mujer dudó, pero enseguida respondió:- mira yo no lo sé, pero creo que si te tumbas en el suelo y pasas tiempo mirando al cielo , seguro que si pasa alguno lo ves -¿ y no habrá alguna otra manera?- preguntó. -Bueno, quizás desde un sitio alto también se pueda ver alguno si de verdad existen-. Dio las gracias a Nieves por la información y salió en dirección a su casa, ya iba pensando en algún sitio dónde poder tumbarse y observar con atención el cielo. Llegó a casa y directamente abrió la portilla que cerraba el pequeño huerto que sus padres tenían pegado a la casa. Allí se tumbó boca arriba y pasó varias horas observando, hasta que oyó a su madre llamarle para la cena. 

Lentamente se levantó, salió del huerto, y cerró la portilla. Primer día de observación, primer fracaso. Hizo lo mismo los siguientes días, todos con el mismo resultado: nada de nada ,no había visto nada raro , sólo pájaros , muchos pájaros y uno o dos aviones que dejaban tras de sí una gran cola de humo blanco y nada más. El primer consejo que le había dado Nieves resultó un fracaso, pero no se dio por vencido y comenzó a buscar un lugar alto. Por La Quintana no había ningún lugar alto, era una zona bastante llana por lo que no acababa de encontrar el sitio idóneo, hasta que se vio sin casi darse cuenta , mirando al gran roble que había a la izquierda de su casa , unos cientos de metros a la izquierda, desde donde estaba mirando ,se veía perfectamente el gran árbol , llegar a él era cuestión de muy poco tiempo quedaba más cerca aún que la casa de Nieves, tras una primera inspección decidió que al día siguiente, después de comer, iniciaría su primera ascensión al roble a ver si tenía más suerte que tumbado en el huerto y por fin podía ver un Ovni.

Al día siguiente después de comer salió en dirección al roble. Cuando llegó, miró hacia arriba y se dio cuenta de la gran altura del roble, por unos instantes dudó si conseguiría llegar a la copa, no estaba muy convencido, pero inició la ansiada ascensión. El árbol por abajo era bastante grueso y costaba mucho trabajo abrazarlo y trepar, no obstante, con gran esfuerzo, comenzó a ganarle terreno al árbol, trepó y trepó y cuando estaba más o menos a la mitad de la ascensión, se paró miró hacia abajo y se pegó al tronco del árbol como una lapa a la roca. Jamás había estado a tanta altura, tuvo que agarrarse muy fuerte para que no le venciera el vértigo y precipitarse al vacío. Se mantuvo quieto unos minutos, sin moverse, dándose ánimos a sí mismo hasta que se decidió y volvió a retomar la ascensión hacia la copa. Los metros que restaban ya fueron menos dificultosos de subir. El árbol se iba estrechando, el agarre era mucho más fuerte y, además, había muchas ramas que permitían trepar como si estuviera subiendo por una escalera. Al fin llegó a lo más alto. Una vez arriba, buscó un lugar seguro para estar cómodo y poder comenzar sus observaciones. Se concentró y pasó varias horas contemplando el cielo casi sin pestañear, le ocurrió lo mismo que cuando se tumbaba en el huerto pegado a casa, no pudo ver nada que no fuera algún pájaro sorprendido que se llevaba un buen susto al intentar posarse en el árbol y toparse allí con un intruso inesperado. Después de pasar allí varias horas y darse cuenta que su madre seguro ya estaría preocupada, decidió iniciar el descenso y volver a casa. Inició la bajada bien agarrado al tronco y sin prisa, sabía que estaba muy alto y era consciente del peligro. Cuando solo había bajado unos dos o tres metros y todo parecía ir bien, pisó una rama seca, esta se quebró y cayó al vacío desde una altura superior a veinte metros, llegó al suelo a gran velocidad, el golpe era mortal de necesidad, quedó totalmente inerte. Aparentemente estaba muerto, pero no estaba muerto, estaba perfectamente, como si hubiera bajado en paracaídas, suavemente y sin sobresaltos, no tenía nada roto, ni un simple rasguño, al quedar tumbado en el suelo boca arriba , miró hacia la copa del árbol y casi no podía verla , se quedó pensativo y en su inocencia creyó que caer de esa altura y no sufrir ningún percance, era normal, no recordaba cuando en el ascenso llegó hacia la mitad y miró hacia abajo, se había quedado pegado al árbol ,aterrado porque intuía que estaba corriendo un gran peligro.

Habían trascurrido varias horas desde que había comenzado la investigación en altura y se dio cuenta que su madre seguro ya le andaba buscando. Efectivamente, María ya hacía rato que lo buscaba por La Quintana, pero Diego no daba señales de vida. Decidió ir a casa de Nieves a ver si estaba allí, aunque desde la ventana de la cocina de casa no lo había visto en toda la tarde. Llegó a casa de Nieves y esta al verla se sorprendió y le dijo:
- que sorpresa María ¿Cómo tú por aquí?
María le respondió:- he venido a por mi hijo ¿no está aquí?
- No-, le respondió Nieves,
-hoy no ha venido y si vino, yo no lo he visto-.
La respuesta de Nieves angustió más a María. Nieves le dijo: -cuando sí estuvo fue ayer, estoy segura . Cuando vino no esperó como hacía otras veces a que llegaran Emilio y Benjamín, me hizo unas preguntas y se fue- .
-Y ¿qué te preguntó?- Inquirió María.
- Me preguntó que había que hacer para ver un Ovni
-¿Un Ovni? que cosa más rara, en casa nunca pregunta esas cosas ¿y qué le dijiste?
-Volvió a preguntar María.
-Pues le dije lo que se me ocurrió, que habría que echarse boca arriba mirando al cielo , o subirse a un sitio alto para poder ver mejor el cielo-.
María saltó como si hubiese tenido bajo los pies un resorte, inmediatamente vino a su mente el gran roble que había unos metros más debajo de su casa. Se despidió de Nieves y salió corriendo hacia casa con el roble en su pensamiento. Cuando llegó al borde de la carretera y se dispuso a cruzar , de repente y como si hubiese aparecido de la nada, apareció un coche blanco , brillante , reluciente, de él se bajaron un hombre y una mujer , los dos vestidos de blanco inmaculado, la mujer se acercó a María, suavemente le apoyo su mano en el hombro de María y con una voz muy dulce le dijo:
-tranquilícese mujer, su hijo está en casa sano y salvo, en este momento está en su cama dormido esperando que usted llegue para darle su cena-.
María quedó muy sorprendida agachó un segundo la cabeza y cuando quiso balbucear una respuesta, la mujer, el hombre y el coche habían desaparecido, esto desconcertó a María, sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, decidida salió corriendo hacia casa, abrió la puerta y directamente se dirigió a la habitación de su hijo. Efectivamente, la mujer de blanco estaba en lo cierto, yacía en su cama durmiendo plácidamente. María lo cogió en sus brazos y lo apretó contra su pecho, Diego se despertó y también se apretó fuertemente contra el pecho de su madre.
- Madre ¿dónde estabas? llegué a casa, estaba esperando que a que vinieras para cenar, como vi que no acababas de llegar me recosté en la cama y me quedé dormido-.
No te preocupes-, contestó la madre,- fui a casa de Nieves, nos entretuvimos hablando por eso me retrasé, ahora te pongo tu cena. Cenó y enseguida se fue a la cama. Cuando llegó Manuel del trabajo María le contó el suceso y el susto que se había llevado al ver que el niño no aparecía, Manuel le dijo a su esposa, que era normal, que era un niño inquieto, que le gustaba saber cosas y que esos sucesos se seguirían repitiendo. María también le contó a Manuel el extraño suceso del encuentro con el hombre y la mujer de blanco. Manuel tampoco entendió muy bien el suceso, pero para tranquilizar a su esposa le dijo que al estar nerviosa porque el niño no aparecía , las dos personas que vio solo intentaban tranquilizarla a lo que Manuel tampoco supo dar una respuesta convincente fue a la pregunta de María ¿ y cómo sabían que el niño estaba en su cama dormido esperando mi llegada para cenar? Manuel se quedó pensativo un rato, pero no supo que contestar. Los dos se fueron a la cama preocupados, pero contentos, el niño estaba en casa y dormía plácidamente, como cualquier niño de seis años.

Al día siguiente se levantó con normalidad, anduvo toda la mañana por La Quintana hasta que llegó la hora de comer, lo hizo y avisó a su madre que se iba hasta casa de Nieves.- Está bien- dijo su madre ,-pero anda por sitios donde yo pueda verte desde la ventana de la cocina-. -No te preocupes madre , así lo haré- y se fue tranquilamente a casa de Nieves. Lo siguió haciendo como lo hacía antes de los encuentros con la mujer y el hombre de blanco. Pasaba las tardes con Emilio y Benjamín aprendiendo cosas y el tema de los Ovnis no volvió a ser mencionado. Cada día aprendía algo nuevo de carpintería y electricidad, lo que no acababa de comprender era lo de la famosa caja cuadrada , la radio, en su cabeza no entraba ,como la música podía venir por el meterse dentro de la caja y sonar como si dentro estuviera una gran orquesta. Los días seguían pasando, iba y venía a casa de Nieves tranquilamente cruzaba la carretera, tomaba el camino y enseguida ya estaba allí.

Un día se retrasó un poco más de lo habitual, cuando decidió irse a casa, ya estaba empezando a oscurecer, aligeró el paso, llegó a la carretera , se dispuso a cruzarla , de repente apareció ante él ¡La peonza! la nave espacial que decían haber visto en Canarias y en alguna otra parte de España. También era blanca, como el coche, no hacia ningún ruido a pesar de que claramente se veía que estaba suspendida en el aire. No se puso nada nervioso, todo lo contrario, una gran tranquilidad invadió todo su cuerpo, lo que si tenía era una gran curiosidad, estaba deseando ver que o quien salía del “Objeto volador no identificado”. Tras unos segundos de espera el Ovni se posó en el suelo sin hacer ningún ruido, nada más posarse, se abrió una gran puerta ovalada y ¡Sorpresa! otra vez la mujer y el hombre vestidos de blanco. La mujer que era muy guapa con su dulce voz y le dijo:
-¿Quieres venir con nosotros a conocer el espacio, el cielo, el Universo?
- Creía estar soñando pero no, se dio cuenta de que lo que estaba viendo era real, muy real. Dudó.

Algo le decía por dentro que subiese, sin embargo, también pensaba que era tarde, que sus padres le estarían esperando para cenar y no quería volver a asustarlos como el día del árbol. La mujer le dijo:- por eso no te preocupes, tus padres no van a asustarse, solo serán unos minutos, si no quieres venir con nosotros, tampoco hay ningún problema, volveremos otro día y si lo deseas nos acompañas-. Estas palabras dichas pausadamente por la mujer, acabaron por convencerlo. Le dio la mano y ella lo ayudó a subir al Ovni. Una vez dentro quedó maravillado, había solo tres asientos, nada más que tres asientos, sujetos al suelo. Los de los extremos, se veía claramente que eran asientos para personas mayores; el del centro, era mucho más pequeño, seguro que lo habían hecho así porque antes que él se habrían subido muchos más niños. Rápidamente ocupó su sitio, el hombre cerró la puerta ovalada y se sentó en el asiento situado a su derecha, el asiento izquierdo ya lo había ocupado la mujer. Se dio cuenta que dentro del Ovni había luz, pero no consiguió ver ninguna bombilla, era como la luz del día. La mujer le preguntó:-¿preparado?- Siiiiiiiiii- contestó, -pues vamos allá. El Ovni comenzó a ascender, él lo notaba, notaba la misma sensación que cuando se columpiaba en el parque y el columpio ascendía, la misma exactamente igual, pero no podía ver nada, solo veía dentro, hacia fuera no se veía absolutamente nada. Después de pensar un momento, decidido le dijo a la mujer: -noto que subimos, sé que estamos subiendo, pero no se ve nada.
-La mujer sonriente le dijo: -ten calma, ya falta poco.
-Consiguió aguantar su gran curiosidad y al poco tiempo el Ovni comenzó a hacerse transparente. Parecía una gran pompa de jabón, ahora ya se veía todo lo que había fuera y a los ojos del niño apareció un espectáculo jamás visto, ni imaginado.

Todo el universo estaba ante sus ojos, todo lo que veía era luz y belleza, parecía que el Ovni no se movía, pero iban dejando tras de si toda clase de estrellas, planetas, satélites , incluso vio el sol desde muy cerca, le pareció maravilloso. No pestañeaba, sus ojos se habían quedado abiertos como los de una muñeca. El espectáculo era increíble a los ojos del niño. El hombre y la mujer le miraban complacidos, estaba en éxtasis. De pronto miró a la mujer y le dijo:- ¿y La Tierra? ¿Dónde está La Tierra?-. -¿Quieres verla?- le preguntó la mujer. –Claro-, es lo que más deseo, ver La Tierra-. Antes de que se diese cuenta ya la tenían delante, el niño se pellizcaba, quería estar seguro de no estar soñando ¡vio su planeta! era igual que la bola que tenía encima de su mesa doña Hortensia. Bueno, pensó, igual no, la Tierra es inmensamente más grande y más bella, lo que tiene doña Hortensia es una bola de cartón pintada. No tenía comparación, miraba sin perder detalle, su cerebro de niño difícilmente podía asimilar tanta belleza.- ¿Te gusta?- le preguntó la mujer. Contestó con una mirada que decía más que mil respuestas -¿Quieres verla más de cerca?- Sí- contestó, -todo lo que se pueda-. Rápidamente el Ovni se fue acercando al planeta, podía verse muy de cerca, se distinguían perfectamente los inmensos océanos, los continentes, los desiertos, los grandes ríos, las ciudades mayores también se veían, los bosques verdes de toda La Tierra. El hombre y la mujer le miraban complacidos, estaban contentos viendo como el niño disfrutaba, viendo como no apartaba la vista ni un segundo de lo que había fuera.

Pasado un tiempo él los miró a los dos y sin pensárselo dos veces dijo:- ¿Y vosotros? ¿Quiénes sois?- Ellos se miraron sonriendo y le contestaron al unísono:- ¿Nosotros? Nosotros, tú, tú y nosotros, somos lo mismo, aunque veas un hombre y una mujer, aquí solo estás tú, somos tu conciencia, tus guías, los mismos guías que todo ser humano lleva dentro, unos nos ven como tú nos estás viendo, hacen el mismo viaje que tú estás haciendo y comienzan a cuidar su “casa”, otros no nos hacen caso, y destruyen, contaminan, matan, envenenan, queman, saquean. Tú tienes que decidir cuál va a ser tu actitud después de lo que has visto. Nuestra misión ha terminado, ahora llegarás a casa, tus padres te esperan para cenar y no debes hacerlos esperar-. Cuando quiso darse cuenta, estaba cruzando la carretera, en el lugar exacto donde había aparecido el Ovni cuando se subió. 

Extrañamente, seguía siendo todavía de día, aún había luz suficiente, no había oscurecido, aunque pensaba que había estado muchas horas por el “espacio”. Comenzó a andar en dirección a casa, iba pensando en todo lo que acababa de ver y pronto llegó. Su padre estaba como siempre oyendo al hombre que hablaba desde dentro de la caja, su madre acababa de poner la mesa para la cena.

Manuel le preguntó:- ¿de dónde vienes hijo?- De casa de Nieves, estuve con Emilio y Benjamín aprendiendo cosas como hago todos los días-. - Está bien-, dijo su padre, -cuando seas mayor sabrás muchas cosas gracias a tus amigos.

Del viaje en la pompa de jabón, no dijo nada, estaba seguro de que sus padres se reirían igual que hacían algunas veces Benjamín y Emilio. Terminada la cena se despidió de sus padres y se fue a su cama, tenía mucho que pensar, quería volver a realizar el viaje, esta vez rememorando con todo detalle lo visto durante el increíble trayecto, recordando y recordando se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente despertó con una gran sensación de tranquilidad, algo que un niño de seis años no sabría describir, pero que él sentía dentro de sí.

Comenzó a vestirse después de estar un buen trecho desperezándose. Cuando se estaba poniendo el pantalón notó algo dentro de un bolsillo, metió la mano y sacó una caja plateada, cuadrada. La abrió fácilmente, sólo tuvo que pulsar un botón redondo que tenía a un lado, dentro había un papel perfectamente doblado para que cupiese dentro de la caja, no se atrevió a sacar el papel , ni mucho menos a desdoblarlo. Volvió a meter la caja en su bolso y salió como siempre, a lavarse, dar un beso a su madre y desayunar.

Hecho esto, salió a la calle, en su mente solo había un pensamiento, buscar un lugar tranquilo, discreto, fuera del alcance de la mirada de cualquiera que pudiera pasar y lo viera leyendo el papel. Miró por toda La Quintana buscando el sitio, fue a terminar debajo del hórreo donde había descubierto el libro que tantas emociones y algún susto le habían deparado. Estaba como siempre, lleno de baúles con trastos viejos. Tuvo una idea, vació un baúl de todo lo que tenía dentro , lo repartió entre los demás y ¡ya tenía el sitio perfecto! se metió dentro , puso una tabla para que la tapa del baúl se mantuviera unos centímetros abierta, entrara la luz y él así poder leer lo que había escrito en el papel de la caja plateada.

Una vez acomodado dentro del baúl, sacó la caja de su bolso, sacó el papel y comenzó a leer con gran curiosidad, el papel decía lo siguiente:

“Cuando el ser humano comenzó a poblar La Tierra , formaron grupos , juntos buscaban vegetales para alimentarse y poder sobrevivir. Inventaron el fuego para combatir el frío y para asar la carne de los animales que cazaban solamente para comer , la población fue aumentando y fueron necesarios otros recursos para poder seguir alimentándose y sobrevivir, necesitaban más energía y comenzaron a talar árboles , bosques enteros fueron eliminados, la población siguió aumentando y en el siglo XIX ya se comenzó a explotar el carbón , el consumo de energía siguió aumentando y se empezó a explotar el petróleo en el siglo XX. A partir de ese momento empezaron a lanzarse a la atmósfera millones de toneladas de residuos tóxicos, se destruyó la capa de ozono comenzando el fenómeno llamado invernadero… Diego leía con atención dentro del baúl, todo lo que el papel ponía, era un papel normal una simple hoja, pero leía y leía y parecía estar siempre en el principio nada más leer esto se quedó pensativo, estuvo unos minutos intentando comprender lo que acababa de leer, estaban en el año 1956 y el papel decía cosas que ocurrirían bastante más adelante ¿sería cierto? Siguió leyendo…1960, se construye el muro de Berlín ¿el muro de Berlín? ¿Que será eso? pensó. 1967 estalla la guerra de los seis días ¿seis días? ¿Cómo puede una guerra durar sólo seis días, sabía que la guerra civil española , había durado tres años , sus padres le contaban las calamidades que tuvieron que sufrir para sobrevivir ¿seis días? Siguió leyendo y el papel ponía que aquella guerra fue librada entre Israel y Egipto, dos países que eran totalmente desconocidos para él. 1969 el hombre llega a La Luna, la lectura de este párrafo hizo que soltara una carcajada ¿Cómo va a llegar el hombre a la luna en 1969 si estamos en 1956 y yo ya estuve ayer allí, en La Luna , en el Sol, en todos los demás planetas que forman nuestra galaxia ? bueno pensó claro , yo subí en un Ovni , los hombres tendrán que fabricar uno parecido y seguro que no saben , por eso tardarán tanto . 1970 se inventa la radio con transistores y !la televisión¡ y otra cosa más que tampoco entendía , la primera computadora para uso de la gente. Según iba avanzando en la lectura del papel que nunca se acababa, su perplejidad iba en aumento, sabía por las explicaciones de Emilio que el cajón que hablaba en casa era una radio, se llamaba una radio, había visto como el hombre que vino a repararla traía en una maleta unas cosas de cristal parecidas a bombillas, pero lo de transistores no lo entendía, ni mucho menos lo de la televisión y la computadora para la gente, su mente de niño no daba crédito a lo que iba leyendo. 1973 de nuevo el país llamado Israel, entra en guerra con Egipto y otro país más, Siria, este país tampoco lo había oído nombrar nunca.

1973, en un país llamado Chile el ejercito da un golpe de estado y asesina a su presidente, un tal Salvador Allende, otra cosa que desconcertó al niño ¿presidente? ¿Que será eso? pensó, aquí en España no tenemos presidente tenemos a Franco, un general que según dice el libro que tengo, salvó a España con su ejército y ahora es el jefe. 1976 a 1983 en Argentina se produce un “golpe militar” este país sí lo había oído nombrar, sabía que allí vivían muchos familiares de su padre Manuel y de su madre María, tendremos que avisarlos pensó, cuando llegue a casa le daré este papel a mi padre para que les escriba una carta avisándoles del peligro que van a correr, el papel decía que muchos argentinos iban a sufrir persecuciones y matarían a mucha gente.

Entre 1980 Y 1990 habría muchas guerras en el mundo y los alemanes derribarían el muro que habían construido unos cuantos años atrás, al leer esto quedó desconcertado ¿si primero hacen un muro? ¿Luego por que lo van a tirar? Otra cosa que no comprendía aunque le dio que pensar. El papel también ponía otra guerra, esta vez entre Irán e Irak, la guerra se produciría por el petróleo, duraría ocho años y habría un millón de muertos, ninguno de los dos países ganó la guerra a pesar de los 8 años. No entendía, él sabía que en las guerras siempre hay unos que ganan y otros que pierden, los que ganan siempre son los buenos pensó, eso es lo que dice la enciclopedia que tengo.

1987 comienza La Intifada jamás había oído pronunciar esa palabra, decía el papel que los jóvenes palestinos habían apedreado al ejército de Israel. Esto también le dio que pensar ¿Cómo unos jóvenes se atreven a tirar piedras a un ejército? Seguro que los matan a todos pensó. 1989 matanza en la plaza de Tiananmen, en China, el jefe chino manda disparar contra los que protestaban y se producen miles de muertos

1994 Nelson Mandela es elegido presidente de África del Sur, Había estado en la cárcel 19 años por luchar contra el Apartheid, su país poblado en su gran mayoría por hombres y mujeres negros, había estado en manos de los blancos más de 340 años. 

La lectura de este papel aparecido en la caja plateada dentro del bolso de su pantalón, le estaba produciendo las mismas sensaciones que le produjo el libro descubierto en el baúl, no entendía casi nada, leía y releía y no terminaba de interpretar lo que estaba leyendo, además la hoja de papel escrita por sólo una cara, no avanzaba, era como si cada renglón leído, volviera dentro del papel sin ocupar sitio. Prosiguió leyendo y el papel también decía que en 1958 un tal De Gaulle sería elegido presidente de Francia, otra vez la palabra presidente aparecía, pero no era la última, en el siguiente renglón volvía a aparecer, esta vez decía que en 1963 el presidente de EE.UU, un tal Kennedy sería asesinado, que en 1968 en Francia, país que si había oído nombrar, habría una revolución. Otra cosa de las que leyó y le causó cierto miedo fue la que decía que en 1986, en una central nuclear de Ucrania, un país para él también desconocido, que pertenecía a la Unión Soviética se produciría una explosión nuclear que causaría el mayor desastre en la historia de la humanidad, había miles de muertos, cientos de miles de afectados por la radiación que se había escapado hacia el espacio, toda Europa había estado en peligro.

Diego, al leer esto, quedó impresionado, su mente de niño no alcanzaba a comprender como el hombre podía llegar a ser tan insensato, pensó dentro del baúl , tengo que hacer algo para saber si todo esto que leo puede ser cierto , y, si lo es, tendré que intentar que al menos las cosas terribles que dice, no se produzcan. El escrito todavía no estaba terminado de leer, aún había más escrito, se dio cuenta de que había como una especie de resumen. 

El resumen decía lo siguiente: en el mundo hay multitud de sitios donde hombres, mujeres, niños, animales, pasan hambre, millones se mueren de hambre, se gastan los recursos naturales de La Tierra sin control, se aumenta cada día la construcción de armas, cada vez más mortíferas, la diferencia entre los países ricos y pobres cada día es mayor, y no solo eso, la diferencia entre los ricos y pobres de un mismo país también es mayor cada día. Los gastos que se hacen en la construcción de armas servirían para erradicar múltiples enfermedades de La Tierra . Cuando llegue el siglo XXI mil millones de personas estarán en la pobreza más absoluta, se morirán a diario cientos de miles de personas la mayoría niños por no tener nada que comer, dos de cada cinco personas tendrán que vivir sin ninguna atención médica, cualquier enfermedad acabará con la vida de la gente por no poder tan siquiera, tomar un medicamento, que en los países ricos se tira a la basura, así acababa el texto escrito en el papel.

Al niño Diego le había parecido larguísimo, pero no había cambiado un centímetro de postura desde que se metió dentro del baúl. Estuvo unos momentos pensando ¿Qué hacer con el papel? ¿Tirarlo a algún sitio donde nadie pudiera encontrarlo? ¿Enseñárselo a Emilio y Benjamín a ver si ellos lo entendían? ¿O dárselo a su padre? después de estar un trecho pensativo decidió, se lo daré a mi padre, él sabrá interpretar lo que dice el papel y también sabrá lo que hay que hacer para evitar que todas esas cosas malas que he leído se produzcan. Dobló cuidadosamente el papel, lo metió dentro de la caja plateada, y se la guardó dentro de su bolsillo. Levantó muy despacio la tapa del baúl, cuando se dio cuenta de que nadie estaba por los alrededores salió, volvió a meter dentro los trastos viejos que había sacado para que nadie se diese cuenta de que alguien había estado allí dentro, echó otra ojeada y salió de debajo del hórreo en dirección a casa.
Anduvo por el entorno de La Quintana hasta que oyó la voz de su madre llamarle. Contestó y se fue a casa, ya era la hora de comer y su madre le llamaba precisamente para eso. Comieron los dos, y él, después de unos minutos de reposo, volvió a salir a la calle, estaba ansioso por que su padre volviera del trabajo, tenía unas ganas enormes de entregarle la caja plateada y que su padre pudiera explicarle algo de las cosas que allí aparecían escritas.
Por fin llegó Manuel subido en la bicicleta que siempre usaba para acudir al trabajo, hubo años antes de poder comprar la bicicleta que tenía que hacer el trayecto a pie.
-¡Hola padre!,
-¡Hola hijo! ¿Qué tal el día?
- bien, te estaba esperando.
- ¿Y eso?- Preguntó el padre,
-Es que quiero darte algo importante que encontré y no entiendo lo que dice
- ¿Y qué es eso tan importante?
- Metió la mano en su bolsillo, cogió la caja plateada y se la dio a su padre. Manuel, al ver la caja plateada se sorprendió, nunca había visto un metal tan brillante y mucho menos una caja tan bien hecha, era perfecta, la tapa de la caja tenía unos grabados en los que su hijo no había reparado, pero él nada más verla ya se dio cuenta, eran como signos perfectamente tallados, y con una gran calidad. Después de mirarla un buen rato, creyó distinguir entre los dibujos una especie de ¡peonza!
Se lo dijo a su hijo.- Mira este dibujo ¿ No te parece como una peonza ?
Peonzas - GIFMANIA-. El niño miró la caja detenidamente, y era cierto, él no había reparado en ella, pero su padre tenía razón, parecía una ¡peonza! O sea, un Ovni, o sea, un objeto volador no identificado, el muchacho enseguida se dio cuenta y pensó , seguro que la mujer de blanco me la puso en el bolsillo cuando estábamos dentro del Ovni, o habrá vuelto por la noche cuando yo dormía y me la dejó dentro del pantalón donde la encontré. Mientras él pensaba eso, su padre ya había entrado dentro de la casa y le estaba enseñando a María la hermosa caja. Ella también se sorprendió al comprobar la belleza de la cajita plateada.
-¿Dónde la conseguiste?- preguntó a Manuel.
-No la conseguí en ningún sitio, me la acaba de entregar el niño.
-María hizo lo mismo que había hecho su esposo, la miró fijamente y enseguida se dio cuenta de los dibujos que la caja tenía en su tapa, también vio lo que ella también llamó ¡una peonza! Claramente se distinguía entre los signos lo que a todas luces parecía una peonza, le dio nuevamente la caja a su esposo y salió al portal a buscar a su hijo, este ya no estaba. Intentó llamarlo, pero el niño ya no contestó, entró nuevamente dentro, fue a la cocina, miró por la ventana y sí, su hijo ya estaba en casa de Nieves. Mientras ellos estuvieron mirando la caja, el niño se fue a donde iba casi a diario, esto tranquilizó a la mujer. Su marido seguía absorto contemplando la brillantez del metal, no habían reparado todavía que la caja brillante, tenía un diminuto pulsador que al apretar en él la tapa se levantaba sola, no tenía ningún muelle ni nada parecido a otras cajas, a las cuales, se les apretaba el pulsador, y unos muelles que llevaba debajo hacían que se abriera sola. Esta no tenía ningún mecanismo de ese tipo, simplemente se tocaba el pulsador y la tapa subía lentamente y dejaba ver su contenido. 
María le sirvió la comida, y su esposo se dispuso a comer sin quitar ojo de tan hermoso objeto.
Cuando terminó, volvió inmediatamente a observar la caja brillante, ahí fue cuando reparó en el diminuto pulsador. Sin titubear lo pulsó y, efectivamente, la tapa comenzó a subir y dejó a la vista el papel perfectamente doblado que había en su interior. Manuel cogió cuidadosamente el papel, lo fue desdoblando, poco a poco, hasta que tuvo ante sus ojos la hoja completa y escrita por una cara.
Comenzó a leer con premura y leyó exactamente todo lo que antes había leído su hijo. Al llegar al final sintió una gran preocupación ¿de dónde habrá sacado mi hijo esto? Volvió a releer el papel y su preocupación aumentó ¿Quién podría haber escrito aquellas cosas? Por un momento creyó que era algo de brujería, aunque él nunca había creído en esas cosas, todos los que decían tener poderes a Manuel siempre le parecieron simples charlatanes, charlatanes de feria, era como él los llamaba cuando alguno venía por su casa ofreciendo productos maravillosos que jamás cumplían cualidades que el charlatán les atribuía.
Preguntó a su esposa por el niño. María le dijo que estaba en casa de Nieves, se asomó a la ventana de la cocina y vio a su hijo con sus dos amigos en casa de su pariente, tuvo la intención de ir a buscarlo, pero decidió esperar a que volviera para cenar. Mientras tanto siguió leyendo el papel hasta casi aprender de memoria todo lo que allí estaba escrito. Después de múltiples lecturas decidió volver a guardarlo y esperar la llegada de su hijo, para que le aclarase la procedencia de la caja y también si había leído lo que aparecía escrito en la hoja. 
Por fin cuando ya oscurecía llegó su hijo. Decidió esperar a estar cenando para interrogarlo acerca de la procedencia de la caja y, así, haciéndolo con aparente normalidad, su hijo no notara la preocupación que aquella caja había ocasionado a sus padres. Cuando ya estaban a mitad de la cena, Manuel se dirigió a su hijo con aparente tranquilidad.
-Oye Diego, ya se me olvidaba, no me dijiste de dónde habías sacado o encontrado la caja.
-El niño se quedó pensativo y no supo o no quiso decir nada. Le contestó a su padre con otra pregunta que para Manuel fue también una respuesta
 -¿Has leído el papel que hay dentro? Preguntó Diego.
-Sí - le dijo su padre
-¿Y es cierto todo lo que ahí hay escrito?
- Manuel comprendió que su hijo ciertamente había leído el papel y sabía lo que estaba escrito.
-Sí - contestó su padre, -claro que lo he leído
- ¿Y es verdad?
- El padre le dijo - no lo sé , no estoy seguro, pero tú aún no me has dicho de donde sacaste la caja.
Diego ya había terminado su cena, se levantó de la mesa, les dio un beso a sus padres y sin decir nada se dirigió a su habitación, ya con la puerta abierta se giró y le dijo a Manuel ---mañana te lo diré, pero no creo que sirva de nada, no me vas a creer y cerró la puerta. Manuel intentó ir a la habitación de su hijo, pero María se interpuso, -déjalo, que no note nuestra preocupación, mañana cuando vuelvas del trabajo, le preguntas sin agobiarlo y quizás podamos resolver el enigma. De mala gana Manuel aceptó lo dicho por su esposa. Encendió la radio, se dispuso a oír las noticias, como hacía habitualmente, hasta que llegara la hora de acostarse. 
Al día siguiente Manuel se fue a su trabajo como hacía a diario, de lunes a sábado. Su jornada laboral ese día pareció hacerse eterna, no acababa de llegar la hora de la salida. Por fin sonó la sirena y Manuel pudo dirigirse a casa. Hizo su trayecto diario a mayor velocidad que nunca, cuando llegó al camino que la carretera dividía se dispuso a girar y con sorpresa vio a su esposa en la orilla.
Manuel se paró extrañado
-¿Qué haces aquí?- preguntó a María.
-Ni yo misma se darte una respuesta. Estuve todo el día inquieta y algo me decía por dentro que viniese hasta aquí a buscarte. Cuando María le estaba contando a su esposo, de repente, como de la nada, apareció ¡la peonza! Los dos quedaron paralizados. La peonza estaba quieta suspendida en el aire, una puerta ovalada se abrió, aparecieron un hombre y una mujer. La mujer era hermosa, vestía enteramente de blanco, María se dio cuenta que era la mujer que había visto tiempo atrás, a pesar de que sólo había sido un momento estaba completamente segura, era la misma. El hombre vestía de negro, con harapos, parecía viejo y enfermo. Pasados unos segundos la mujer se dirigió a Manuel y a María, los llamó por sus nombres. Ellos se sorprendieron y se miraron con extrañeza.
-Manuel, no le preguntéis más a vuestro hijo por la procedencia de la caja que te entregó. Diego aún es un niño, sus recuerdos se distorsionan y puede confundir la realidad con la ficción. Cuando vaya haciéndose mayor irá recordando, y junto con otros niños de todo el mundo que recibieron nuestra visita, iniciarán acciones que intentarán salvar a La Tierra. Eso ocurrirá dentro de unos años. Yo, como mujer, represento la fecundidad, soy el futuro. Si el hombre se deja guiar por Diego y todos los miles de niños visitados, este hombre que me acompaña, viejo y decrepito, es la muestra de lo que será La Tierra. Si vuestro hijo y los demás no pueden llevar a cabo la misión para la que, sin darse cuenta, han sido preparados. Si no pueden llevarla adelante, el planeta terminará su existencia como este hombre que me acompaña, como un planeta oscuro y apagado, no habrá lugar para la vida debido a las atrocidades que el ser humano está cometiendo con su casa. Si la generación que encabeza vuestro hijo fracasa, La Tierra desaparecerá del Universo ¿Habéis entendido?
Peonzas - GIFMANIA- María y Manuel asintieron con la cabeza mirándose uno al otro. Cuando se giraron, la carretera estaba vacía, el hombre viejo, la mujer de blanco y ¡la peonza! habían desaparecido.

Se dirigieron a casa, en silencio, pensando en el suceso del que acababan de ser testigos. Cuando llegaron vieron a su hijo muy entretenido en la acera que había delante de casa. Tenía en el suelo una jarra llena de agua, él estaba haciendo algo a una de las plantas, su madre le preguntó 
-¿Qué haces hijo?
-¿ No lo veis madre? estoy quitando las malas hierbas y dando de beber a las plantas….
-Manuel y María se miraron. En ese mismo instante comprendieron que su hijo sin duda, cuando le llegase su hora, sería uno de los encargados de asegurar la continuidad de La Tierra en el conjunto del Universo…

FIN

De Manuel Casalderrey Palacios

De Manuel Casalderrey Palacios
Besullo es la cuna, del más grande dramaturgo
Alejandro era su nombre, su apellido era Rodríguez
 si así le llamaban, a nadie le contestaba
El era Casona, Alejandro Casona
De esa casa sacó su nombre
esa casa lo inspiraba
La casa de los siete balcones
La Casona
Alejandro ya es un mito
La Casona fue testigo
de su talento infinito
si  Casona hoy volviera
tendría pena y alegría
La Casona ya no existe
sólo quedan los restos, de cuatro paredes tristes
el  tiempo las va demoliendo
a no mucho tardar, se resquebrajarán
sólo quedará el solar
y unos cientos de piedras amontonadas
testigos mudos, de la historia de Besullo

Esas piedras polvorientas
aún pueden ,con su presencia inerte dar fe
 de todo lo que allí aconteció
su memoria es perenne, jamás olvidarán
Como no pueden hablar
quiero una cosa contar
La Casona tuvo, como todo en este mundo
un principio y un final
El principio no lo se
pero si se el final
el final fue lamentable
un incendio devoró, la casa que a Casona inspiró
Dentro del drama humeante
hubo algo emocionante
un muchacho valiente, el cual, con riesgo evidente
salvó la vida a gente, desvalida, inocente
habitantes, ya mayores ,faltos de fuerza ,sobrados de temores
Su nombre es Servando, su apellido Martínez
Servando con su arrojo a tres personas salvó
Ya pasaron varios años
de Servando, nadie se acordó, ayer me acordé yo
También tengo la certeza
de que desde alguna parte
Casona presenció el final
Y a pesar del dolor, de ver La Casona quemar
su alma se estremeció, no de pena, no de dolor
De alegría, de emoción
dio las gracias a Servando
el muchacho con su acto
mantuvo el prestigio intacto
de la casa que a Alejandro
su gran obra inspiró…

 Que sigan condecorando perros, A Servando…….lo condecoro yo…..
Año 1956
https://www.facebook.com/XaN3ta?ref=ts&fref=tsLa Quintana estaba como siempre, las casas mostraban en sus paneras, balcones y soportales parte de la cosecha recogida de la siembra del año anterior, todo estaba secando al sol, para luego guardarlo en los sitios adecuados y hacer uso de todo durante el largo invierno que se avecinaba. Había un silencio sólo roto por el mugido de alguna vaca hambrienta, todos estaban dentro de las casas afanándose en sus labores, amenazaba tormenta y había que apurar los trabajos.

El día era un día como otro cualquiera, nada lo hacía diferente, la única preocupación era la inminente llegada de los truenos; poco a poco comenzaron a sonar. El primero siempre era el que daba la alarma, nada más sonar, la gente cerraba sus casas y todos iban corriendo a la casa de Esperanza. Esa casa era la mayor de La Quintana y la única dónde se concentraban.

Cogían todos los habitantes de las demás casas. Cuando llegaban todos y comprobaban que no faltaba nadie cada uno ocupaba el sitio de costumbre. Empezaba el ritual. El rosario, rezaban el rosario, mientras observaban. Fuera la tormenta descargaba toda su furia, llovía muy fuerte, granizaba, el cielo se había ennegrecido hasta parecer que se hubiera hecho noche, de noche a las cinco de la tarde. Poco a poco y mientras el rezo del rosario avanzaba hacia la letanía, los truenos, relámpagos y rayos eléctricos cada vez iban sonando más lejanos, el chaparrón iba amainando y se alejaba, hasta convertirse en gotas que ya caían dispersas y enseguida paraba de llover totalmente, el cielo recuperaba su color azul veraniego, la calma volvía, el suelo comenzaba a secarse y ya todos salían de la casa refugio, la casa de Esperanza, en dirección a la suya, a continuar con sus quehaceres y labores interrumpidos por la tormenta. Esto se repetía muy a menudo por el verano, era como una ley no escrita. Tormenta, casa de Esperanza, rosario.

Vuelta la calma, cada uno volvía a su hogar. El que siempre se rezagaba era Diego. Diego era el único niño de La Quintana, un niño de seis años inquieto y algo revoltoso, siempre andaba solo por los sitios cercanos a su casa, nunca se alejaba demasiado, allí tenía suficiente terreno para hacer sus travesuras e investigaciones, algún vecino ya había avisado a sus padres, María y Manuel que su hijo andaba siempre haciendo experimentos y que debían extremar su cuidado, no fuera que algún día hiciera algo, algo gordo y luego a ver quien se hacía cargo del desaguisado.

Sus padres le reprendían siempre, pero Diego les prestaba poca atención y seguía haciendo de las suyas e investigando el porqué, el secreto de las cosas. Como no había niños de su edad, o algo mayores, la única manera de saber era investigando por su cuenta y eso era lo que hacía siempre. Observaba y acto seguido actuaba, ese era su método de aprendizaje. En cierta ocasión María, su madre, tuvo que ir a ayudar a una vecina, con las prisas dejó la radio funcionando, televisión no había, ni se sabía de su existencia, Diego llegó a casa y oyó la radio hablando , quiso a toda costa acallarla, pero había un problema, la radio estaba en una especie de repisa en la pared inalcanzable para su estatura. Enseguida se puso a pensar y ! eureka ¡ ya tenía la solución, allá se va.

Cogió una banqueta, también cogió la escoba y a escobazo limpio y certero consiguió que el hombre que hablaba se quedara mudo, aparentemente la radio estaba intacta, no mostraba signos de golpes, pero algo en su interior dejó de funcionar y la radio se mantenía en silencio, cuando llegó Manuel por más que lo intentó no consiguió hacer funcionar el aparato. Diego, sin que su padre lo viera, saltaba de alegría, había conseguido hacer callar al hombre invisible que hablaba metido dentro de aquel cajón cuadrado con unas extrañas luces y dos ruedas ,que cuando su padre o su madre manipulaban, hacían que el hombre hablara con la voz más fuerte o más baja ,u otra cosa que no entendía, la voz del hombre a veces callaba, cambiaba a mujer e incluso se oía a veces una orquesta sonar muy bien dentro del cajón cuadrado. Cosas de mayores pensaba el niño, extrañado, que no acaba de entender cómo podía ocurrir, que dentro de un cajón de madera tan pequeño, cogieran, hombres, mujeres e incluso !una orquesta¡

Y así transcurrían los días, mientras, seguía investigando el porqué de todo lo que se movía, o hacía ruido. 

Al lado de la casa de Esperanza había un hórreo, debajo del hórreo, había varios baúles, casi todos estaban llenos de objetos que Diego no tenía ni idea para que se utilizaban, pero había un baúl que estaba lleno de libros, había muchos libros, algunos escritos en idiomas que no entendía, poco a poco , en el transcurrir de los días , fue colocando los libros de tal manera que en un montón estaban los que no entendían y en otro mucho mayor los que estaban escritos en español.

Un día fue y comenzó a leer, cuando no comprendía lo que leía, ponía el libro encima de los libros escritos en idiomas raros que no entendía, ese era el método, de vez en cuando ir al hórreo, abrir el baúl comenzar a leer hasta cansarse o desecharlo nada más leer tres o cuatro páginas que no le aclaraban nada. Los días iban pasando, cuando no había algo más interesante que experimentar iba a visitar su baúl secreto. 

Uno de esos días en que decidió ir a leer ,se produjo el hallazgo, ese día cogió un libro que parecía nuevo, recién comprado, nada más tocarlo ya le produjo un cosquilleo en sus manos. No era un libro de muchas páginas, sesenta y ocho. En la portada tenía un dibujo un tanto raro y extraño, era como una peonza plana, sin el hierro que las peonzas tienen por la parte de abajo para girar pero lo que más llamó su atención fue el título del libro ¿Nos invaden? Abrió el libro con rapidez y comenzó a leer apresuradamente, tan rápido leía, que entre la rapidez de la lectura y que aún no leía correctamente llegó al final de la primera página y no había entendido nada, hizo una pausa, cogió aliento y comenzó a leer otra vez, desde la primera palabra de la primera hoja del libro. Esta vez leía con pausa, despacio, recalcando las palabras, repitiéndolas, había muchas que jamás había oído ni leído, naves espaciales, extraterrestres, marcianos, seres de otros mundos !Ovnis¡ ¿Ovnis? 

La que más llamó su atención fue la palabra ”Ovni”, no consiguió adivinar su significado, por más que lo intentó, no obstante pensó, cuando llegue a casa le preguntaré a mi padre o a mi madre, ellos me podrán explicar lo que es un Ovni, pensó el niño. Metió el libro entre los no leídos, asegurándose de que quedara bien escondido y se fue a casa.

Cuando llegó se encontró con su padre, este estaba oyendo otra vez a los que hablaban dentro del cajón. Había venido un hombre con un maletín lleno de lámparas y más cosas raras y había conseguido volver a meter dentro de la caja a todos los que estaban antes de que Diego la hubiera emprendido a escobazos con el cajón. Mientras estuvieron haciendo comprobaciones, no le preguntó nada a su padre de lo que quería saber de los misteriosos Ovnis. Una vez se fue el hombre del maletín y ya sentados enfrente de la mesa para cenar, después de algún titubeo le dijo a su padre:
- ¿Padre? ¿Qué es un Ovni?
-. Manuel no le prestó mucha atención a la pregunta de su hijo, estaba muy atento al cajón que tenía gente dentro y casi ni oyó lo que su hijo le preguntaba.

Nuevamente el niño volvió a preguntar: padre ¿Qué es un Ovni? Manuel miró fijamente a su hijo y le dijo:
- ¿un Ovni? ¿Y por qué quieres saber lo que es un Ovni?
- No supo que contestar, no quería que sus padres se enteraran de su secreto, el secreto de los libros del baúl y se quedó callado.

Pero quiso la casualidad, que la pregunta que había hecho a su padre, pareciese que la hubiese escuchado el hombre que hablaba desde dentro del cajón con botones y luces. El hombre dijo que en Canarias, había sido avistado por varias personas un ¡Ovni! Diego se quedó quieto como una estatua y prestó gran atención a lo que el hombre decía “Ovni” ( objeto volador no identificado ) el hombre que hablaba lo recalcó varias veces. Al oír lo que el hombre decía se estremeció, su cabeza de niño de 6 años no terminaba de asimilar lo que acababa de oír. Finiquitó su cena, dio un beso a sus padres y se fue a la cama, tenía ganas de estar solo y poder pensar tranquilo lo que acababa de oír al hombre del cajón, Ovni, “objeto volador no identificado”.

Instintivamente se levantó de su cama, abrió la contraventana y estuvo un buen trecho mirando al cielo a ver si veía pasar volando algún objeto desconocido, no vio nada, vencido por el sueño se volvió a su cama y pensando en los Ovnis se quedó profundamente dormido. A la mañana siguiente se despertó sin recordar nada de lo acontecido durante la noche. Se aseó, tomó su desayuno y se fue a la escuela como hacia a diario. En el camino volvieron a su mente los comentarios del hombre del cajón y todo el trecho que la faltaba para llegar a la escuela lo hizo mirando al cielo con curiosidad, pero se repitió lo de la noche, no vio nada raro en un intenso cielo de color azul.

Entró en la escuela como siempre y siguió pensando en los Ovnis, tan absorto estaba en sus pensamientos, que cuando la maestra Doña Hortensia le preguntaba algo, no la oía, la maestra repetía la pregunta y seguía en las nubes
-!Diego¡ ¿Dónde tienes la cabeza?¿ en qué estás pensando?
- Avergonzado no sabía que contestar, algún coscorrón se llevó debido a sus constantes “ausencias” estando dentro de la escuela y sentado en su mesa con su pupitre. A pesar de coscorrones y dudas, el niño seguía con sus visitas cada vez más frecuentes al baúl de los libros. Cada día leía varias páginas, que no resolvían ninguna de de sus innumerables dudas, todo lo contrario, estas iban aumentando a medida que avanzaba leyendo y releyendo página tras página.

Un día pensó que tenía que llevarse el libro a casa para poder leer por la noche y que nadie pudiese descubrir su secreto, sabía que estaba expuesto a que cualquiera que pasara cerca del hórreo lo viera y ahí acabaría su excitante lectura sobre los Ovnis.

Tomada la decisión, cogió el libro, que no era muy voluminoso, lo escondió debajo de su ropa, pasó por delante de su madre sin que esta se diera cuenta del bulto que mostraba a la altura de su barriga, entró en su habitación, cogió una silla, se subió encima y puso el libro en lo alto del armario. Ahí estaría seguro, sabía que su madre limpiaba el armario por arriba , cada cierto tiempo y debía estar atento para cuando llegara el día de limpiar el mueble, su madre no se topara con el libro. Así que extremó la precaución y cuando preveía la limpieza programada, cogía el libro y lo escondía debajo del colchón. Así empezó la nueva estrategia, se iba a la cama, esperaba a que sus padres hicieran lo mismo y cuando calculaba que ya estarían dormidos, se subía a la silla, cogía el libro, con la luz de la lámpara de noche y con gran concentración, leía y leía y releía, pero usaban un lenguaje totalmente desconocido para él. Los días iban pasando y seguía con su táctica, con su estrategia, irse a la cama, esperar que sus padres durmieran y leer hasta que los ojos se le cerraban sin que se diese cuenta.

Cuanto más leía, más aumentaba su interés por saber cosas de los Ovnis. Sus estudios y progresos en la escuela habían frenado en seco, no progresaba como debiera, la maestra Doña Hortensia, se había dado cuenta y le dio un margen de confianza al niño hasta que se convenció que algo estaba fallando. Uno de los días la maestra ya harta del estancamiento, del atolondramiento, preguntó :
 -¿Por qué no hiciste hoy los deberes?
- Él le contestó que se le había olvidado
-¿y ayer?- Es que estuve enfermo.
Las explicaciones no convencieron a la maestra y esta decidió darle una nota sellada para que la entregara a sus padres. Llegó a casa y le entregó la nota sellada a su madre, acto seguido dejó en su habitación su maleta y salió a la calle a seguir con sus observaciones.

Cuando volvió a casa, sus padres le estaban esperando con cara de no estar muy alegres, su padre Manuel después de unos momentos de silencio le preguntó: 
-¿Qué pasa en la escuela amiguito?
- Algo sorprendido contestó: nada, que va a pasar ¿Por qué me lo preguntas? 

El padre sacó la nota que había mandado la maestra y se la enseñó al niño, la cogió, leyó atentamente lo que había escrito Doña Hortensia, balbuceó unos instantes y solo acertó a decir que, la maestra últimamente le pedía mucho más que a los demás niños y que estaba muy exigente con él.

La respuesta no convenció al padre y muy serio su progenitor le dijo: -si no vuelves a la “normalidad”, cuando llegues de la escuela, te pasarás la tarde en casa, estudiando y no pisarás La Quintana. 

Era consciente a pesar de su corta edad, de la rectitud de su padre, y, si este decía algo, siempre lo cumplía.

Esto hizo que sintiera que sus investigaciones peligraban, al estar vigilado y dentro de casa no podría continuar con ellas, al menos de día. Se paró a pensar y decidió que tenía que terminar lo antes posible con la lectura del libro y así poder aclarar de una vez que eran los “objetos voladores no identificados. Así fue. El niño comenzó a leer con avidez página tras página, hasta conseguir llegar al final del libro. Casi no había sacado nada en limpio, pero el libro al final dejaba en el aire la inquietante pregunta del título: ¿Nos invaden? Así terminaba el libro. A pesar de no haber entendido casi nada de lo leído, tenía ya alguna conclusión: no estábamos solos en el universo y había pruebas, nos observaban.

Eso ya lo sabía, y también pensó que puede que vengan a por nosotros para aniquilarnos o a saber para qué.

La inquietud se apoderó del niño, no acababa de entender que hubiera otros seres, que vivieran fuera de La Tierra, que pudieran vivir en otro planeta y mucho menos que pudieran venir en platillos volantes o en ¡Ovnis! como decía el libro.

El tiempo fue pasando. Poco a poco se fue olvidando de los extraterrestres y de los Ovnis, a fin de cuentas, sólo era un niño de seis años, al que le gustaba, investigar y conocer los porqués de todo lo que iba sucediendo en su vida cotidiana, una vida que acababa de estrenar y que iba madurando lentamente, como madura la vida de todos los niños. El olvido total del libro nunca se produjo, de vez en cuando, alguna vez recordaba, sobre todo cuando estaba en la escuela, había momentos en los el muchacho se quedaba “ausente”, esas “ausencias” enseguida eran detectadas por la maestra. Doña Hortensia venía al pupitre de Diego, con su tablilla daba un golpe encima del pupitre e inmediatamente volvía a la realidad. Sus observaciones del cielo también disminuyeron hasta casi desaparecer, aunque de vez en cuando, si no conseguía conciliar el sueño, se levantaba, abría la contraventana de su habitación y se pasaba horas observando, mirando, escudriñando todos los reflejos y luces que veía, intentando ver algo parecido a una peonza, como las que describía el libro. 

El libro había sido devuelto al baúl, ya lo había leído y no quería tener un olvido y por causa de ese olvido, su madre pudiera haberlo encontrado en una de sus limpiezas programadas del techo del armario.

El tiempo transcurría y lo iba consumiendo de camino hacia la madurez todavía muy lejana. Como ya sabemos era el único niño que habitaba en La Quintana. Un día decidió ampliar fronteras y se atrevió a ir al grupo de casas más próximo a la suya, había poca distancia, desde la ventana de la cocina de su casa, se veían las otras casas, no muy lejos al otro lado de la carretera.

Sabía que en el otro grupo de casas había dos muchachos, ya casi adultos, que vivían con la que pensó que era su madre, como así fue cuando un día decidió cruzar la carretera e ir a hacerles una visita.

Eso lo hizo un día de verano, como no había que ir a la escuela, al estar de vacaciones, tenía más tiempo. Se presentó delante de casa de sus vecinos más desconocidos. Cuando llegó a la casa se quedó quieto de frente al portal, mirando con curiosidad y un poco de temor, de pronto una voz de mujer dijo su nombre: - hola Diego ¿qué haces aquí? 

Era Nieves, la que él supuso madre de los dos muchachos, y efectivamente lo era. Un poco avergonzado contestó:- nada, he venido a dar una vuelta- Ven, le dijo Nieves, -pasa, tengo algo para ti-, la mujer entró en la casa, cogió una manzana de un frutero que había encima de una mesa de la cocina y se la dio al niño. Este comenzó a comer la manzana con calma, observando todo lo que desde su casa se veía a lo lejos, ahora lo tenía delante y podía ver con nitidez el lugar donde vivían sus vecinos más cercanos. Nieves salió al portal, anduvo unos pasos hacía el cierre de alambre que separaba la casa de la finca de enfrente. Comenzó a vocear -¡Emilio! ¡Benjamín! Venid, tenemos visita-.
 Pasados unos minutos llegaron los dos hermanos, Diego se sintió algo cohibido al verlos, se dio cuenta que eran bastante mayores que él y eso le acobardó un poco.

Emilio y Benjamín enseguida se ganaron la confianza del niño, ellos ya estaban trabajando, al regresar del trabajo ayudaban todo lo que podían a su madre, Nieves. La mujer era viuda , su marido había muerto en un accidente de trabajo, era minero y una avalancha de carbón lo enterró para siempre, su cuerpo fue imposible de recuperar, Emilio y Benjamín casi no recordaban al padre, cuando pasó el accidente, ellos eran más pequeños que él. Nieves sin ayuda de nadie tuvo que sacarlos adelante, ella bajaba al pueblo y trabajaba limpiando las casas de los que podían permitirse pagar una “ criada” así se llamaba en aquellos tiempos a la empleadas de hogar.

Tras aquel primer encuentro, las visitas, ya comenzaron a ser habituales, iba casi todos los días. Tomaba por el camino hasta la carretera, la cruzaba, cogía el camino que empezaba en la otra orilla, y en un momento ya aparecía en casa de Nieves. Sus padres estaban tranquilos, sabían que estaba en un sitio seguro e, incluso, si querían, podían verlo desde la ventana de su cocina, además María y Nieves eran parientes. 

Diego pasaba horas y horas con los dos hermanos, nunca se cansaba, ellos trataban de explicarle cosas de sus trabajos, a él le parecían extraordinarias. Emilio era electricista y le contaba como llegaba la luz a las casas a través de los cables, por qué se encendían las bombillas, de donde venía la energía, que hacía que las bombillas alumbraran y muchas más cosas que le parecían increíbles, más o menos como lo de los Ovnis, él prestaba siempre mucha atención pero entendía poco o casi nada de lo que Emilio se esforzaba en hacerle comprender. 

Con Benjamín le pasaba algo parecido. Benjamín era carpintero ,le contaba cómo se hacían las puertas de madera, las ventanas , los muebles para las casas, todo lo que normalmente se hace en una carpintería , aunque lo de la madera también era complicado, a él le parecía más comprensible y fácil que lo que le explicaba Emilio sobre la electricidad.

Así fueron pasando los días y la amistad y la confianza entre Diego y los dos hermanos se fue incrementando, él se sentía uno más de la casa, entraba y salía como en la suya , también le había cogido mucho cariño a Nieves, la mujer siempre tenía algún regalo para él, unos días un refresco, otros alguna fruta y otros más señalados, incluso un trozo de pastel.

De la misma manera que la confianza aumentaba, iba atreviéndose poco a poco a preguntar cosas a los hermanos, cosas que ellos trataban de explicarle de la mejor manera que sabían. A veces tenían que inventarse la respuesta, les preguntaba cosas que ni ellos sabían, se inventaban la respuesta más lógica a las preguntas, de esa manera parecía quedarse más tranquilo.

Un día estaba en su cama y no conseguía dormir, se levantó sin hacer ruido, abrió la contraventana, puso una silla se subió y se quedó mirando al cielo durante un largo rato, cuando ya iba a volver a la cama ¡sorpresa! vio cruzar el cielo a gran velocidad un objeto luminoso y centelleante a una gran velocidad
- ¡Un ovni¡ al fin lo he visto-, la sorpresa no le dejó asustarse.
-Es verdad, están ahí ,vienen a por nosotros, nos vigilan , los he visto , ese que acaba de pasar seguro que está vigilándonos.

No sabía que lo que acababa de ver era una simple estrella fugaz, una de los millones que continuamente se mueven por la galaxia. Este avistamiento volvió a despertar en el niño su interés casi olvidado por los Ovnis. Se mantuvo toda la noche pegado a la ventana, esperaba poder volver a ver otra vez aquella cosa. Pero no, no volvió a verla y se quedó dormido encima de la silla.

Ahí lo encontró su madre a la mañana siguiente cuando abrió la puerta de la habitación, sentado en la silla, recostado contra la ventana y profundamente dormido. La madre pensó que el niño habría tenido alguna pesadilla y por ese motivo había aparecido dormido en un sitio tan inhabitual. Lo cogió en brazos, lo metió entre las sábanas. No se enteró cuando, al fin, despertó ya pasaba de las dos de la tarde. Al principio no recordaba nada. Cuando empezó a desperezarse, a los pocos minutos, ya comenzó a recordar y sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo.
-Madre, dame la comida, tengo que ir a ver a Emilio y a Benjamín
-¿ a qué viene tanta prisa?- preguntó María,
-a nada- respondió,
-les dije que hoy iba ir a ayudarles -(tenía absoluta confianza en sus padres) pero no quiso decir el motivo para no asustarles, estaba seguro que Emilio y Benjamín le entenderían y sabrían explicarle lo de los Ovnis.

Nada más terminar de comer salió corriendo directo a casa de Nieves. Cuando llegó a la orilla de la carretera y se disponía a cruzarla apareció como de repente un coche blanco, muy brillante, reluciente. Antes de que hubiese dado el primer paso para cruzar la carretera, se abrieron las dos puertas del coche, salieron del coche un hombre y una mujer, los dos vestidos de un blanco inmaculado, la mujer se acercó a Diego, suavemente, como una caricia, cogió su mano y con una voz dulce le preguntó: -¿Dónde va este niño tan deprisa?- No se asustó ni mostró miedo, soltó la mano de la mujer y dijo:
-Voy a avisar a Nieves, mi madre se ha puesto muy enferma.
-Salió corriendo hacia el otro lado, hacia el camino que llevaba a la casa de Nieves. La mujer y el hombre no intentaron retener ni impedir que el niño se fuera, ni mucho menos, salir tras él.

Una vez que ya había corrido unos metros, echó la vista hacia atrás y comprobó estupefacto que el hombre, la mujer y el coche, habían desaparecido, como si se los hubiera tragado la tierra, se dio cuenta que en tan poco tiempo, era imposible que se hubieran subido al coche, arrancado y comenzado a rodar ¡Era imposible¡
Esto aumentó más su inquietud, se había dado cuenta que aquello no era normal.

Llegó a casa de Nieves blanco, sudoroso, desencajado. Al verlo en esas condiciones Nieves le preguntó:- ¿Qué ocurre? ¿Has visto al diablo? 

No contestó. Sólo le dijo a Nieves: -por favor, dame un poco de agua. Nieves le dio el agua, bebió el vaso de un solo trago, como si no hubiera bebido en un mes y poco a poco comenzó a recupera su color y a respirar con pausa, con normalidad. Recuperado, le preguntó a Nieves por Emilio y Benjamín:
- ¿Dónde están?
 -Todavía no han llegado del trabajo a veces tienen que quedarse un poco más, pero ya no creo que se demoren mucho, estarán al llegar. Efectivamente, a los pocos minutos llegaron los dos hermanos.
- Hola Diego ¿Cómo te va?
- No les contestó, cogió a los dos muchachos por el brazo, los apartó unos metros de la puerta de la casa, no quería que Nieves oyera lo que iba a hablar con ellos.
 -Tengo algo muy importante que preguntaros-, los dos hermanos se miraron y le dijeron:
- bueno ¿y a qué viene tanto misterio? , a ver ¿qué es lo que quieres saber? - le dijo Benjamín-.
Sin titubeos les preguntó: -¿Qué es un Ovni?- Los dos hermanos soltaron una carcajada al unísono- ¿un Ovni? Un Ovni no es nada amiguito, inventos de la gente ociosa que no tiene nada que hacer y se dedica a asustar a los demás-. Benjamín asintió a lo que su hermano estaba diciendo. No se quedó callado y nuevamente preguntó:- ¿entonces por qué el hombre de la caja dice que un Ovni, es un objeto volador no identificado?- ¿qué caja?- le preguntaron los hermanos.
- La caja que hay en mi casa colgada de la pared y que tiene dentro hombres, mujeres, orquestas-. Los dos hermanos ya reían a carcajada limpia. Cuando al fin dejaron de reír le dijeron cariñosamente: -esa caja es una radio, dentro no hay nadie. Las voces, la música y todo lo que oyes viene por el aire, entra dentro del aparato, y este con sus lámparas y circuitos transforma las ondas en las palabras de los hombres y mujeres que tú oyes y también en música.

Creyó que se estaban burlando de él y, sin decir nada, después de quedarse por unos momentos pensativo, salió corriendo hacia su casa, cuando todavía no había llegado a la carretera, se paró bruscamente y recordó al hombre y a la mujer del coche blanco, se dio la vuelta, volvió a casa de Nieves buscó a uno de los hermanos, encontró a Benjamín e hizo que este le acompañara hasta la carretera y la cruzara con él. Ya en el otro lado se soltó de la mano de Benjamín y salió pitando hacia casa. Cuando llegó su padre estaba sentado en una silla a la puerta de casa, llegó y se lanzó al regazo del progenitor de un salto, le abrazó fuerte y se apretó contra él. Su padre le acarició la cabeza -¿qué te ocurre?- le preguntó el padre.- Nada padre, no me ocurre nada, estuve con Emilio y Benjamín, les cuento cosas , les pregunto cosas y se ríen de mi- El padre cogió al niño en su cuello y entraron dentro de la casa, vamos a cenar ,- no es que Emilio y Benjamín se rían de ti ,es simplemente que los niños veis las cosas de manera muy diferente a como las vemos los adultos ,la forma en que preguntáis puede parecer graciosa a los adultos ,pero eso no quiere decir que se estén riendo de ti, todo lo contrario ,hacéis gracia y nos hacéis pasar buenos momentos a la gente mayor-. La respuesta pareció convencerlo.

Vio como Manuel encendía el cajón con gente dentro, terminó su cena y se fue a dormir. Esa noche durmió profundamente y nada más meterse dentro de la cama, su mente desconectó y se olvidó por completo de las emociones vividas en el día tan intenso y emocionante que había vivido.

A la mañana siguiente, cuando desayunaba, volvió a recordar al hombre y a la mujer vestidos de blanco, también recordó el coche. Nunca había visto uno igual, aunque en el año 1956 eran muy pocos los que podían tener coche y se veían muy de vez en cuando. Pasó la mañana por los alrededores de casa sin hacer nada especial. Llegó la hora de comer y nada más terminar tomó dirección a casa de Nieves. Emilio y Benjamín todavía tardarían en volver y tendría que cruzar la carretera solo si quería llegar a la casa de los hermanos, pero él quería a toda costa, a pesar de tener algún temor llegar a la carretera, y ver si volvía a encontrarse con la extraña pareja de blanco. Bajó por el camino hacia la carretera despacio, muy despacio, procurando hacer el menor ruido posible con sus pisadas, llegó al borde de la carretera, miró a ambos lados, no vio nada raro, la cruzó corriendo y en un momento ya estaba delante de la casa de sus amigos.

Nieves al verlo llegar, hizo lo que siempre hacía, le dio su obsequio. Ese día fue una manzana, roja y grande. La cogió y por un momento creyó tener en sus manos un platillo volador de juguete. Nieves, como ya era una mujer mayor, intuía que a Diego algo le preocupaba, la mujer se acercó y le dijo -¿Qué te preocupa tanto estos días?- te veo hablar mucho con mis hijos ¿es algo grave?- No Nieves- , respondió, -es que les pregunto cosas que quiero saber y les hago reír -¿y qué es lo que quieres saber? -Dudó unos instantes, pero le contestó a la mujer:- quiero saber que es un Ovni y eso les hace gracia y yo no entiendo por qué-. Nieves muy seria le dijo: -mira , yo no creo mucho en esas cosas, pero algo debe de haber , estos días he oído que por las Islas Canarias habían visto algún aparato de esos, y que la gente de esa zona se pasaba muchas horas al día observando el cielo intentado ver si podían descubrir algo -¿Dónde se hay que poner para poder verlos si de verdad los hay Nieves?- La mujer dudó, pero enseguida respondió:- mira yo no lo sé, pero creo que si te tumbas en el suelo y pasas tiempo mirando al cielo , seguro que si pasa alguno lo ves -¿ y no habrá alguna otra manera?- preguntó. -Bueno, quizás desde un sitio alto también se pueda ver alguno si de verdad existen-. Dio las gracias a Nieves por la información y salió en dirección a su casa, ya iba pensando en algún sitio dónde poder tumbarse y observar con atención el cielo. Llegó a casa y directamente abrió la portilla que cerraba el pequeño huerto que sus padres tenían pegado a la casa. Allí se tumbó boca arriba y pasó varias horas observando, hasta que oyó a su madre llamarle para la cena. 

Lentamente se levantó, salió del huerto, y cerró la portilla. Primer día de observación, primer fracaso. Hizo lo mismo los siguientes días, todos con el mismo resultado: nada de nada ,no había visto nada raro , sólo pájaros , muchos pájaros y uno o dos aviones que dejaban tras de sí una gran cola de humo blanco y nada más. El primer consejo que le había dado Nieves resultó un fracaso, pero no se dio por vencido y comenzó a buscar un lugar alto. Por La Quintana no había ningún lugar alto, era una zona bastante llana por lo que no acababa de encontrar el sitio idóneo, hasta que se vio sin casi darse cuenta , mirando al gran roble que había a la izquierda de su casa , unos cientos de metros a la izquierda, desde donde estaba mirando ,se veía perfectamente el gran árbol , llegar a él era cuestión de muy poco tiempo quedaba más cerca aún que la casa de Nieves, tras una primera inspección decidió que al día siguiente, después de comer, iniciaría su primera ascensión al roble a ver si tenía más suerte que tumbado en el huerto y por fin podía ver un Ovni.

Al día siguiente después de comer salió en dirección al roble. Cuando llegó, miró hacia arriba y se dio cuenta de la gran altura del roble, por unos instantes dudó si conseguiría llegar a la copa, no estaba muy convencido, pero inició la ansiada ascensión. El árbol por abajo era bastante grueso y costaba mucho trabajo abrazarlo y trepar, no obstante, con gran esfuerzo, comenzó a ganarle terreno al árbol, trepó y trepó y cuando estaba más o menos a la mitad de la ascensión, se paró miró hacia abajo y se pegó al tronco del árbol como una lapa a la roca. Jamás había estado a tanta altura, tuvo que agarrarse muy fuerte para que no le venciera el vértigo y precipitarse al vacío. Se mantuvo quieto unos minutos, sin moverse, dándose ánimos a sí mismo hasta que se decidió y volvió a retomar la ascensión hacia la copa. Los metros que restaban ya fueron menos dificultosos de subir. El árbol se iba estrechando, el agarre era mucho más fuerte y, además, había muchas ramas que permitían trepar como si estuviera subiendo por una escalera. Al fin llegó a lo más alto. Una vez arriba, buscó un lugar seguro para estar cómodo y poder comenzar sus observaciones. Se concentró y pasó varias horas contemplando el cielo casi sin pestañear, le ocurrió lo mismo que cuando se tumbaba en el huerto pegado a casa, no pudo ver nada que no fuera algún pájaro sorprendido que se llevaba un buen susto al intentar posarse en el árbol y toparse allí con un intruso inesperado. Después de pasar allí varias horas y darse cuenta que su madre seguro ya estaría preocupada, decidió iniciar el descenso y volver a casa. Inició la bajada bien agarrado al tronco y sin prisa, sabía que estaba muy alto y era consciente del peligro. Cuando solo había bajado unos dos o tres metros y todo parecía ir bien, pisó una rama seca, esta se quebró y cayó al vacío desde una altura superior a veinte metros, llegó al suelo a gran velocidad, el golpe era mortal de necesidad, quedó totalmente inerte. Aparentemente estaba muerto, pero no estaba muerto, estaba perfectamente, como si hubiera bajado en paracaídas, suavemente y sin sobresaltos, no tenía nada roto, ni un simple rasguño, al quedar tumbado en el suelo boca arriba , miró hacia la copa del árbol y casi no podía verla , se quedó pensativo y en su inocencia creyó que caer de esa altura y no sufrir ningún percance, era normal, no recordaba cuando en el ascenso llegó hacia la mitad y miró hacia abajo, se había quedado pegado al árbol ,aterrado porque intuía que estaba corriendo un gran peligro.

Habían trascurrido varias horas desde que había comenzado la investigación en altura y se dio cuenta que su madre seguro ya le andaba buscando. Efectivamente, María ya hacía rato que lo buscaba por La Quintana, pero Diego no daba señales de vida. Decidió ir a casa de Nieves a ver si estaba allí, aunque desde la ventana de la cocina de casa no lo había visto en toda la tarde. Llegó a casa de Nieves y esta al verla se sorprendió y le dijo:
- que sorpresa María ¿Cómo tú por aquí?
María le respondió:- he venido a por mi hijo ¿no está aquí?
- No-, le respondió Nieves,
-hoy no ha venido y si vino, yo no lo he visto-.
La respuesta de Nieves angustió más a María. Nieves le dijo: -cuando sí estuvo fue ayer, estoy segura . Cuando vino no esperó como hacía otras veces a que llegaran Emilio y Benjamín, me hizo unas preguntas y se fue- .
-Y ¿qué te preguntó?- Inquirió María.
- Me preguntó que había que hacer para ver un Ovni
-¿Un Ovni? que cosa más rara, en casa nunca pregunta esas cosas ¿y qué le dijiste?
-Volvió a preguntar María.
-Pues le dije lo que se me ocurrió, que habría que echarse boca arriba mirando al cielo , o subirse a un sitio alto para poder ver mejor el cielo-.
María saltó como si hubiese tenido bajo los pies un resorte, inmediatamente vino a su mente el gran roble que había unos metros más debajo de su casa. Se despidió de Nieves y salió corriendo hacia casa con el roble en su pensamiento. Cuando llegó al borde de la carretera y se dispuso a cruzar , de repente y como si hubiese aparecido de la nada, apareció un coche blanco , brillante , reluciente, de él se bajaron un hombre y una mujer , los dos vestidos de blanco inmaculado, la mujer se acercó a María, suavemente le apoyo su mano en el hombro de María y con una voz muy dulce le dijo:
-tranquilícese mujer, su hijo está en casa sano y salvo, en este momento está en su cama dormido esperando que usted llegue para darle su cena-.
María quedó muy sorprendida agachó un segundo la cabeza y cuando quiso balbucear una respuesta, la mujer, el hombre y el coche habían desaparecido, esto desconcertó a María, sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo, decidida salió corriendo hacia casa, abrió la puerta y directamente se dirigió a la habitación de su hijo. Efectivamente, la mujer de blanco estaba en lo cierto, yacía en su cama durmiendo plácidamente. María lo cogió en sus brazos y lo apretó contra su pecho, Diego se despertó y también se apretó fuertemente contra el pecho de su madre.
- Madre ¿dónde estabas? llegué a casa, estaba esperando que a que vinieras para cenar, como vi que no acababas de llegar me recosté en la cama y me quedé dormido-.
No te preocupes-, contestó la madre,- fui a casa de Nieves, nos entretuvimos hablando por eso me retrasé, ahora te pongo tu cena. Cenó y enseguida se fue a la cama. Cuando llegó Manuel del trabajo María le contó el suceso y el susto que se había llevado al ver que el niño no aparecía, Manuel le dijo a su esposa, que era normal, que era un niño inquieto, que le gustaba saber cosas y que esos sucesos se seguirían repitiendo. María también le contó a Manuel el extraño suceso del encuentro con el hombre y la mujer de blanco. Manuel tampoco entendió muy bien el suceso, pero para tranquilizar a su esposa le dijo que al estar nerviosa porque el niño no aparecía , las dos personas que vio solo intentaban tranquilizarla a lo que Manuel tampoco supo dar una respuesta convincente fue a la pregunta de María ¿ y cómo sabían que el niño estaba en su cama dormido esperando mi llegada para cenar? Manuel se quedó pensativo un rato, pero no supo que contestar. Los dos se fueron a la cama preocupados, pero contentos, el niño estaba en casa y dormía plácidamente, como cualquier niño de seis años.

Al día siguiente se levantó con normalidad, anduvo toda la mañana por La Quintana hasta que llegó la hora de comer, lo hizo y avisó a su madre que se iba hasta casa de Nieves.- Está bien- dijo su madre ,-pero anda por sitios donde yo pueda verte desde la ventana de la cocina-. -No te preocupes madre , así lo haré- y se fue tranquilamente a casa de Nieves. Lo siguió haciendo como lo hacía antes de los encuentros con la mujer y el hombre de blanco. Pasaba las tardes con Emilio y Benjamín aprendiendo cosas y el tema de los Ovnis no volvió a ser mencionado. Cada día aprendía algo nuevo de carpintería y electricidad, lo que no acababa de comprender era lo de la famosa caja cuadrada , la radio, en su cabeza no entraba ,como la música podía venir por el meterse dentro de la caja y sonar como si dentro estuviera una gran orquesta. Los días seguían pasando, iba y venía a casa de Nieves tranquilamente cruzaba la carretera, tomaba el camino y enseguida ya estaba allí.

Un día se retrasó un poco más de lo habitual, cuando decidió irse a casa, ya estaba empezando a oscurecer, aligeró el paso, llegó a la carretera , se dispuso a cruzarla , de repente apareció ante él ¡La peonza! la nave espacial que decían haber visto en Canarias y en alguna otra parte de España. También era blanca, como el coche, no hacia ningún ruido a pesar de que claramente se veía que estaba suspendida en el aire. No se puso nada nervioso, todo lo contrario, una gran tranquilidad invadió todo su cuerpo, lo que si tenía era una gran curiosidad, estaba deseando ver que o quien salía del “Objeto volador no identificado”. Tras unos segundos de espera el Ovni se posó en el suelo sin hacer ningún ruido, nada más posarse, se abrió una gran puerta ovalada y ¡Sorpresa! otra vez la mujer y el hombre vestidos de blanco. La mujer que era muy guapa con su dulce voz y le dijo:
-¿Quieres venir con nosotros a conocer el espacio, el cielo, el Universo?
- Creía estar soñando pero no, se dio cuenta de que lo que estaba viendo era real, muy real. Dudó.

Algo le decía por dentro que subiese, sin embargo, también pensaba que era tarde, que sus padres le estarían esperando para cenar y no quería volver a asustarlos como el día del árbol. La mujer le dijo:- por eso no te preocupes, tus padres no van a asustarse, solo serán unos minutos, si no quieres venir con nosotros, tampoco hay ningún problema, volveremos otro día y si lo deseas nos acompañas-. Estas palabras dichas pausadamente por la mujer, acabaron por convencerlo. Le dio la mano y ella lo ayudó a subir al Ovni. Una vez dentro quedó maravillado, había solo tres asientos, nada más que tres asientos, sujetos al suelo. Los de los extremos, se veía claramente que eran asientos para personas mayores; el del centro, era mucho más pequeño, seguro que lo habían hecho así porque antes que él se habrían subido muchos más niños. Rápidamente ocupó su sitio, el hombre cerró la puerta ovalada y se sentó en el asiento situado a su derecha, el asiento izquierdo ya lo había ocupado la mujer. Se dio cuenta que dentro del Ovni había luz, pero no consiguió ver ninguna bombilla, era como la luz del día. La mujer le preguntó:-¿preparado?- Siiiiiiiiii- contestó, -pues vamos allá. El Ovni comenzó a ascender, él lo notaba, notaba la misma sensación que cuando se columpiaba en el parque y el columpio ascendía, la misma exactamente igual, pero no podía ver nada, solo veía dentro, hacia fuera no se veía absolutamente nada. Después de pensar un momento, decidido le dijo a la mujer: -noto que subimos, sé que estamos subiendo, pero no se ve nada.
-La mujer sonriente le dijo: -ten calma, ya falta poco.
-Consiguió aguantar su gran curiosidad y al poco tiempo el Ovni comenzó a hacerse transparente. Parecía una gran pompa de jabón, ahora ya se veía todo lo que había fuera y a los ojos del niño apareció un espectáculo jamás visto, ni imaginado.

Todo el universo estaba ante sus ojos, todo lo que veía era luz y belleza, parecía que el Ovni no se movía, pero iban dejando tras de si toda clase de estrellas, planetas, satélites , incluso vio el sol desde muy cerca, le pareció maravilloso. No pestañeaba, sus ojos se habían quedado abiertos como los de una muñeca. El espectáculo era increíble a los ojos del niño. El hombre y la mujer le miraban complacidos, estaba en éxtasis. De pronto miró a la mujer y le dijo:- ¿y La Tierra? ¿Dónde está La Tierra?-. -¿Quieres verla?- le preguntó la mujer. –Claro-, es lo que más deseo, ver La Tierra-. Antes de que se diese cuenta ya la tenían delante, el niño se pellizcaba, quería estar seguro de no estar soñando ¡vio su planeta! era igual que la bola que tenía encima de su mesa doña Hortensia. Bueno, pensó, igual no, la Tierra es inmensamente más grande y más bella, lo que tiene doña Hortensia es una bola de cartón pintada. No tenía comparación, miraba sin perder detalle, su cerebro de niño difícilmente podía asimilar tanta belleza.- ¿Te gusta?- le preguntó la mujer. Contestó con una mirada que decía más que mil respuestas -¿Quieres verla más de cerca?- Sí- contestó, -todo lo que se pueda-. Rápidamente el Ovni se fue acercando al planeta, podía verse muy de cerca, se distinguían perfectamente los inmensos océanos, los continentes, los desiertos, los grandes ríos, las ciudades mayores también se veían, los bosques verdes de toda La Tierra. El hombre y la mujer le miraban complacidos, estaban contentos viendo como el niño disfrutaba, viendo como no apartaba la vista ni un segundo de lo que había fuera.

Pasado un tiempo él los miró a los dos y sin pensárselo dos veces dijo:- ¿Y vosotros? ¿Quiénes sois?- Ellos se miraron sonriendo y le contestaron al unísono:- ¿Nosotros? Nosotros, tú, tú y nosotros, somos lo mismo, aunque veas un hombre y una mujer, aquí solo estás tú, somos tu conciencia, tus guías, los mismos guías que todo ser humano lleva dentro, unos nos ven como tú nos estás viendo, hacen el mismo viaje que tú estás haciendo y comienzan a cuidar su “casa”, otros no nos hacen caso, y destruyen, contaminan, matan, envenenan, queman, saquean. Tú tienes que decidir cuál va a ser tu actitud después de lo que has visto. Nuestra misión ha terminado, ahora llegarás a casa, tus padres te esperan para cenar y no debes hacerlos esperar-. Cuando quiso darse cuenta, estaba cruzando la carretera, en el lugar exacto donde había aparecido el Ovni cuando se subió. 

Extrañamente, seguía siendo todavía de día, aún había luz suficiente, no había oscurecido, aunque pensaba que había estado muchas horas por el “espacio”. Comenzó a andar en dirección a casa, iba pensando en todo lo que acababa de ver y pronto llegó. Su padre estaba como siempre oyendo al hombre que hablaba desde dentro de la caja, su madre acababa de poner la mesa para la cena.

Manuel le preguntó:- ¿de dónde vienes hijo?- De casa de Nieves, estuve con Emilio y Benjamín aprendiendo cosas como hago todos los días-. - Está bien-, dijo su padre, -cuando seas mayor sabrás muchas cosas gracias a tus amigos.

Del viaje en la pompa de jabón, no dijo nada, estaba seguro de que sus padres se reirían igual que hacían algunas veces Benjamín y Emilio. Terminada la cena se despidió de sus padres y se fue a su cama, tenía mucho que pensar, quería volver a realizar el viaje, esta vez rememorando con todo detalle lo visto durante el increíble trayecto, recordando y recordando se quedó profundamente dormido.

A la mañana siguiente despertó con una gran sensación de tranquilidad, algo que un niño de seis años no sabría describir, pero que él sentía dentro de sí.

Comenzó a vestirse después de estar un buen trecho desperezándose. Cuando se estaba poniendo el pantalón notó algo dentro de un bolsillo, metió la mano y sacó una caja plateada, cuadrada. La abrió fácilmente, sólo tuvo que pulsar un botón redondo que tenía a un lado, dentro había un papel perfectamente doblado para que cupiese dentro de la caja, no se atrevió a sacar el papel , ni mucho menos a desdoblarlo. Volvió a meter la caja en su bolso y salió como siempre, a lavarse, dar un beso a su madre y desayunar.

Hecho esto, salió a la calle, en su mente solo había un pensamiento, buscar un lugar tranquilo, discreto, fuera del alcance de la mirada de cualquiera que pudiera pasar y lo viera leyendo el papel. Miró por toda La Quintana buscando el sitio, fue a terminar debajo del hórreo donde había descubierto el libro que tantas emociones y algún susto le habían deparado. Estaba como siempre, lleno de baúles con trastos viejos. Tuvo una idea, vació un baúl de todo lo que tenía dentro , lo repartió entre los demás y ¡ya tenía el sitio perfecto! se metió dentro , puso una tabla para que la tapa del baúl se mantuviera unos centímetros abierta, entrara la luz y él así poder leer lo que había escrito en el papel de la caja plateada.

Una vez acomodado dentro del baúl, sacó la caja de su bolso, sacó el papel y comenzó a leer con gran curiosidad, el papel decía lo siguiente:

“Cuando el ser humano comenzó a poblar La Tierra , formaron grupos , juntos buscaban vegetales para alimentarse y poder sobrevivir. Inventaron el fuego para combatir el frío y para asar la carne de los animales que cazaban solamente para comer , la población fue aumentando y fueron necesarios otros recursos para poder seguir alimentándose y sobrevivir, necesitaban más energía y comenzaron a talar árboles , bosques enteros fueron eliminados, la población siguió aumentando y en el siglo XIX ya se comenzó a explotar el carbón , el consumo de energía siguió aumentando y se empezó a explotar el petróleo en el siglo XX. A partir de ese momento empezaron a lanzarse a la atmósfera millones de toneladas de residuos tóxicos, se destruyó la capa de ozono comenzando el fenómeno llamado invernadero… Diego leía con atención dentro del baúl, todo lo que el papel ponía, era un papel normal una simple hoja, pero leía y leía y parecía estar siempre en el principio nada más leer esto se quedó pensativo, estuvo unos minutos intentando comprender lo que acababa de leer, estaban en el año 1956 y el papel decía cosas que ocurrirían bastante más adelante ¿sería cierto? Siguió leyendo…1960, se construye el muro de Berlín ¿el muro de Berlín? ¿Que será eso? pensó. 1967 estalla la guerra de los seis días ¿seis días? ¿Cómo puede una guerra durar sólo seis días, sabía que la guerra civil española , había durado tres años , sus padres le contaban las calamidades que tuvieron que sufrir para sobrevivir ¿seis días? Siguió leyendo y el papel ponía que aquella guerra fue librada entre Israel y Egipto, dos países que eran totalmente desconocidos para él. 1969 el hombre llega a La Luna, la lectura de este párrafo hizo que soltara una carcajada ¿Cómo va a llegar el hombre a la luna en 1969 si estamos en 1956 y yo ya estuve ayer allí, en La Luna , en el Sol, en todos los demás planetas que forman nuestra galaxia ? bueno pensó claro , yo subí en un Ovni , los hombres tendrán que fabricar uno parecido y seguro que no saben , por eso tardarán tanto . 1970 se inventa la radio con transistores y !la televisión¡ y otra cosa más que tampoco entendía , la primera computadora para uso de la gente. Según iba avanzando en la lectura del papel que nunca se acababa, su perplejidad iba en aumento, sabía por las explicaciones de Emilio que el cajón que hablaba en casa era una radio, se llamaba una radio, había visto como el hombre que vino a repararla traía en una maleta unas cosas de cristal parecidas a bombillas, pero lo de transistores no lo entendía, ni mucho menos lo de la televisión y la computadora para la gente, su mente de niño no daba crédito a lo que iba leyendo. 1973 de nuevo el país llamado Israel, entra en guerra con Egipto y otro país más, Siria, este país tampoco lo había oído nombrar nunca.

1973, en un país llamado Chile el ejercito da un golpe de estado y asesina a su presidente, un tal Salvador Allende, otra cosa que desconcertó al niño ¿presidente? ¿Que será eso? pensó, aquí en España no tenemos presidente tenemos a Franco, un general que según dice el libro que tengo, salvó a España con su ejército y ahora es el jefe. 1976 a 1983 en Argentina se produce un “golpe militar” este país sí lo había oído nombrar, sabía que allí vivían muchos familiares de su padre Manuel y de su madre María, tendremos que avisarlos pensó, cuando llegue a casa le daré este papel a mi padre para que les escriba una carta avisándoles del peligro que van a correr, el papel decía que muchos argentinos iban a sufrir persecuciones y matarían a mucha gente.

Entre 1980 Y 1990 habría muchas guerras en el mundo y los alemanes derribarían el muro que habían construido unos cuantos años atrás, al leer esto quedó desconcertado ¿si primero hacen un muro? ¿Luego por que lo van a tirar? Otra cosa que no comprendía aunque le dio que pensar. El papel también ponía otra guerra, esta vez entre Irán e Irak, la guerra se produciría por el petróleo, duraría ocho años y habría un millón de muertos, ninguno de los dos países ganó la guerra a pesar de los 8 años. No entendía, él sabía que en las guerras siempre hay unos que ganan y otros que pierden, los que ganan siempre son los buenos pensó, eso es lo que dice la enciclopedia que tengo.

1987 comienza La Intifada jamás había oído pronunciar esa palabra, decía el papel que los jóvenes palestinos habían apedreado al ejército de Israel. Esto también le dio que pensar ¿Cómo unos jóvenes se atreven a tirar piedras a un ejército? Seguro que los matan a todos pensó. 1989 matanza en la plaza de Tiananmen, en China, el jefe chino manda disparar contra los que protestaban y se producen miles de muertos

1994 Nelson Mandela es elegido presidente de África del Sur, Había estado en la cárcel 19 años por luchar contra el Apartheid, su país poblado en su gran mayoría por hombres y mujeres negros, había estado en manos de los blancos más de 340 años. 

La lectura de este papel aparecido en la caja plateada dentro del bolso de su pantalón, le estaba produciendo las mismas sensaciones que le produjo el libro descubierto en el baúl, no entendía casi nada, leía y releía y no terminaba de interpretar lo que estaba leyendo, además la hoja de papel escrita por sólo una cara, no avanzaba, era como si cada renglón leído, volviera dentro del papel sin ocupar sitio. Prosiguió leyendo y el papel también decía que en 1958 un tal De Gaulle sería elegido presidente de Francia, otra vez la palabra presidente aparecía, pero no era la última, en el siguiente renglón volvía a aparecer, esta vez decía que en 1963 el presidente de EE.UU, un tal Kennedy sería asesinado, que en 1968 en Francia, país que si había oído nombrar, habría una revolución. Otra cosa de las que leyó y le causó cierto miedo fue la que decía que en 1986, en una central nuclear de Ucrania, un país para él también desconocido, que pertenecía a la Unión Soviética se produciría una explosión nuclear que causaría el mayor desastre en la historia de la humanidad, había miles de muertos, cientos de miles de afectados por la radiación que se había escapado hacia el espacio, toda Europa había estado en peligro.

Diego, al leer esto, quedó impresionado, su mente de niño no alcanzaba a comprender como el hombre podía llegar a ser tan insensato, pensó dentro del baúl , tengo que hacer algo para saber si todo esto que leo puede ser cierto , y, si lo es, tendré que intentar que al menos las cosas terribles que dice, no se produzcan. El escrito todavía no estaba terminado de leer, aún había más escrito, se dio cuenta de que había como una especie de resumen. 

El resumen decía lo siguiente: en el mundo hay multitud de sitios donde hombres, mujeres, niños, animales, pasan hambre, millones se mueren de hambre, se gastan los recursos naturales de La Tierra sin control, se aumenta cada día la construcción de armas, cada vez más mortíferas, la diferencia entre los países ricos y pobres cada día es mayor, y no solo eso, la diferencia entre los ricos y pobres de un mismo país también es mayor cada día. Los gastos que se hacen en la construcción de armas servirían para erradicar múltiples enfermedades de La Tierra . Cuando llegue el siglo XXI mil millones de personas estarán en la pobreza más absoluta, se morirán a diario cientos de miles de personas la mayoría niños por no tener nada que comer, dos de cada cinco personas tendrán que vivir sin ninguna atención médica, cualquier enfermedad acabará con la vida de la gente por no poder tan siquiera, tomar un medicamento, que en los países ricos se tira a la basura, así acababa el texto escrito en el papel.

Al niño Diego le había parecido larguísimo, pero no había cambiado un centímetro de postura desde que se metió dentro del baúl. Estuvo unos momentos pensando ¿Qué hacer con el papel? ¿Tirarlo a algún sitio donde nadie pudiera encontrarlo? ¿Enseñárselo a Emilio y Benjamín a ver si ellos lo entendían? ¿O dárselo a su padre? después de estar un trecho pensativo decidió, se lo daré a mi padre, él sabrá interpretar lo que dice el papel y también sabrá lo que hay que hacer para evitar que todas esas cosas malas que he leído se produzcan. Dobló cuidadosamente el papel, lo metió dentro de la caja plateada, y se la guardó dentro de su bolsillo. Levantó muy despacio la tapa del baúl, cuando se dio cuenta de que nadie estaba por los alrededores salió, volvió a meter dentro los trastos viejos que había sacado para que nadie se diese cuenta de que alguien había estado allí dentro, echó otra ojeada y salió de debajo del hórreo en dirección a casa.

Anduvo por el entorno de La Quintana hasta que oyó la voz de su madre llamarle. Contestó y se fue a casa, ya era la hora de comer y su madre le llamaba precisamente para eso. Comieron los dos, y él, después de unos minutos de reposo, volvió a salir a la calle, estaba ansioso por que su padre volviera del trabajo, tenía unas ganas enormes de entregarle la caja plateada y que su padre pudiera explicarle algo de las cosas que allí aparecían escritas.

Por fin llegó Manuel subido en la bicicleta que siempre usaba para acudir al trabajo, hubo años antes de poder comprar la bicicleta que tenía que hacer el trayecto a pie.
-¡Hola padre!,
-¡Hola hijo! ¿Qué tal el día?
- bien, te estaba esperando.
- ¿Y eso?- Preguntó el padre,
-Es que quiero darte algo importante que encontré y no entiendo lo que dice
- ¿Y qué es eso tan importante?
- Metió la mano en su bolsillo, cogió la caja plateada y se la dio a su padre. Manuel, al ver la caja plateada se sorprendió, nunca había visto un metal tan brillante y mucho menos una caja tan bien hecha, era perfecta, la tapa de la caja tenía unos grabados en los que su hijo no había reparado, pero él nada más verla ya se dio cuenta, eran como signos perfectamente tallados, y con una gran calidad. Después de mirarla un buen rato, creyó distinguir entre los dibujos una especie de ¡peonza!
Se lo dijo a su hijo.- Mira este dibujo ¿ No te parece como una peonza ?
Peonzas - GIFMANIA-. El niño miró la caja detenidamente, y era cierto, él no había reparado en ella, pero su padre tenía razón, parecía una ¡peonza! O sea, un Ovni, o sea, un objeto volador no identificado, el muchacho enseguida se dio cuenta y pensó , seguro que la mujer de blanco me la puso en el bolsillo cuando estábamos dentro del Ovni, o habrá vuelto por la noche cuando yo dormía y me la dejó dentro del pantalón donde la encontré. Mientras él pensaba eso, su padre ya había entrado dentro de la casa y le estaba enseñando a María la hermosa caja. Ella también se sorprendió al comprobar la belleza de la cajita plateada.

-¿Dónde la conseguiste?- preguntó a Manuel.
-No la conseguí en ningún sitio, me la acaba de entregar el niño.
-María hizo lo mismo que había hecho su esposo, la miró fijamente y enseguida se dio cuenta de los dibujos que la caja tenía en su tapa, también vio lo que ella también llamó ¡una peonza! Claramente se distinguía entre los signos lo que a todas luces parecía una peonza, le dio nuevamente la caja a su esposo y salió al portal a buscar a su hijo, este ya no estaba. Intentó llamarlo, pero el niño ya no contestó, entró nuevamente dentro, fue a la cocina, miró por la ventana y sí, su hijo ya estaba en casa de Nieves. Mientras ellos estuvieron mirando la caja, el niño se fue a donde iba casi a diario, esto tranquilizó a la mujer. Su marido seguía absorto contemplando la brillantez del metal, no habían reparado todavía que la caja brillante, tenía un diminuto pulsador que al apretar en él la tapa se levantaba sola, no tenía ningún muelle ni nada parecido a otras cajas, a las cuales, se les apretaba el pulsador, y unos muelles que llevaba debajo hacían que se abriera sola. Esta no tenía ningún mecanismo de ese tipo, simplemente se tocaba el pulsador y la tapa subía lentamente y dejaba ver su contenido. 

María le sirvió la comida, y su esposo se dispuso a comer sin quitar ojo de tan hermoso objeto.

Cuando terminó, volvió inmediatamente a observar la caja brillante, ahí fue cuando reparó en el diminuto pulsador. Sin titubear lo pulsó y, efectivamente, la tapa comenzó a subir y dejó a la vista el papel perfectamente doblado que había en su interior. Manuel cogió cuidadosamente el papel, lo fue desdoblando, poco a poco, hasta que tuvo ante sus ojos la hoja completa y escrita por una cara.

Comenzó a leer con premura y leyó exactamente todo lo que antes había leído su hijo. Al llegar al final sintió una gran preocupación ¿de dónde habrá sacado mi hijo esto? Volvió a releer el papel y su preocupación aumentó ¿Quién podría haber escrito aquellas cosas? Por un momento creyó que era algo de brujería, aunque él nunca había creído en esas cosas, todos los que decían tener poderes a Manuel siempre le parecieron simples charlatanes, charlatanes de feria, era como él los llamaba cuando alguno venía por su casa ofreciendo productos maravillosos que jamás cumplían cualidades que el charlatán les atribuía.

Preguntó a su esposa por el niño. María le dijo que estaba en casa de Nieves, se asomó a la ventana de la cocina y vio a su hijo con sus dos amigos en casa de su pariente, tuvo la intención de ir a buscarlo, pero decidió esperar a que volviera para cenar. Mientras tanto siguió leyendo el papel hasta casi aprender de memoria todo lo que allí estaba escrito. Después de múltiples lecturas decidió volver a guardarlo y esperar la llegada de su hijo, para que le aclarase la procedencia de la caja y también si había leído lo que aparecía escrito en la hoja. 

Por fin cuando ya oscurecía llegó su hijo. Decidió esperar a estar cenando para interrogarlo acerca de la procedencia de la caja y, así, haciéndolo con aparente normalidad, su hijo no notara la preocupación que aquella caja había ocasionado a sus padres. Cuando ya estaban a mitad de la cena, Manuel se dirigió a su hijo con aparente tranquilidad.
-Oye Diego, ya se me olvidaba, no me dijiste de dónde habías sacado o encontrado la caja.
-El niño se quedó pensativo y no supo o no quiso decir nada. Le contestó a su padre con otra pregunta que para Manuel fue también una respuesta
 -¿Has leído el papel que hay dentro? Preguntó Diego.
-Sí - le dijo su padre
-¿Y es cierto todo lo que ahí hay escrito?
- Manuel comprendió que su hijo ciertamente había leído el papel y sabía lo que estaba escrito.
-Sí - contestó su padre, -claro que lo he leído
- ¿Y es verdad?
- El padre le dijo - no lo sé , no estoy seguro, pero tú aún no me has dicho de donde sacaste la caja.

Diego ya había terminado su cena, se levantó de la mesa, les dio un beso a sus padres y sin decir nada se dirigió a su habitación, ya con la puerta abierta se giró y le dijo a Manuel ---mañana te lo diré, pero no creo que sirva de nada, no me vas a creer y cerró la puerta. Manuel intentó ir a la habitación de su hijo, pero María se interpuso, -déjalo, que no note nuestra preocupación, mañana cuando vuelvas del trabajo, le preguntas sin agobiarlo y quizás podamos resolver el enigma. De mala gana Manuel aceptó lo dicho por su esposa. Encendió la radio, se dispuso a oír las noticias, como hacía habitualmente, hasta que llegara la hora de acostarse. 

Al día siguiente Manuel se fue a su trabajo como hacía a diario, de lunes a sábado. Su jornada laboral ese día pareció hacerse eterna, no acababa de llegar la hora de la salida. Por fin sonó la sirena y Manuel pudo dirigirse a casa. Hizo su trayecto diario a mayor velocidad que nunca, cuando llegó al camino que la carretera dividía se dispuso a girar y con sorpresa vio a su esposa en la orilla.
Manuel se paró extrañado
-¿Qué haces aquí?- preguntó a María.
-Ni yo misma se darte una respuesta. Estuve todo el día inquieta y algo me decía por dentro que viniese hasta aquí a buscarte. Cuando María le estaba contando a su esposo, de repente, como de la nada, apareció ¡la peonza! Los dos quedaron paralizados. La peonza estaba quieta suspendida en el aire, una puerta ovalada se abrió, aparecieron un hombre y una mujer. La mujer era hermosa, vestía enteramente de blanco, María se dio cuenta que era la mujer que había visto tiempo atrás, a pesar de que sólo había sido un momento estaba completamente segura, era la misma. El hombre vestía de negro, con harapos, parecía viejo y enfermo. Pasados unos segundos la mujer se dirigió a Manuel y a María, los llamó por sus nombres. Ellos se sorprendieron y se miraron con extrañeza.
-Manuel, no le preguntéis más a vuestro hijo por la procedencia de la caja que te entregó. Diego aún es un niño, sus recuerdos se distorsionan y puede confundir la realidad con la ficción. Cuando vaya haciéndose mayor irá recordando, y junto con otros niños de todo el mundo que recibieron nuestra visita, iniciarán acciones que intentarán salvar a La Tierra. Eso ocurrirá dentro de unos años. Yo, como mujer, represento la fecundidad, soy el futuro. Si el hombre se deja guiar por Diego y todos los miles de niños visitados, este hombre que me acompaña, viejo y decrepito, es la muestra de lo que será La Tierra. Si vuestro hijo y los demás no pueden llevar a cabo la misión para la que, sin darse cuenta, han sido preparados. Si no pueden llevarla adelante, el planeta terminará su existencia como este hombre que me acompaña, como un planeta oscuro y apagado, no habrá lugar para la vida debido a las atrocidades que el ser humano está cometiendo con su casa. Si la generación que encabeza vuestro hijo fracasa, La Tierra desaparecerá del Universo ¿Habéis entendido?
Peonzas - GIFMANIA- María y Manuel asintieron con la cabeza mirándose uno al otro. Cuando se giraron, la carretera estaba vacía, el hombre viejo, la mujer de blanco y ¡la peonza! habían desaparecido.

Se dirigieron a casa, en silencio, pensando en el suceso del que acababan de ser testigos. Cuando llegaron vieron a su hijo muy entretenido en la acera que había delante de casa. Tenía en el suelo una jarra llena de agua, él estaba haciendo algo a una de las plantas, su madre le preguntó 
-¿Qué haces hijo?
-¿ No lo veis madre? estoy quitando las malas hierbas y dando de beber a las plantas….
-Manuel y María se miraron. En ese mismo instante comprendieron que su hijo sin duda, cuando le llegase su hora, sería uno de los encargados de asegurar la continuidad de La Tierra en el conjunto del Universo…

FIN

De Manuel Casalderrey Palacios

De Manuel Casalderrey Palacios



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

Mi foto
Siero, Asturias, Spain
http://allumar.blogspot.com/